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La inflación en EE.UU. volvió a niveles que nadie esperaba y la Fed cambió de dirección en semanas

  • En Mundo
  • 22 de junio de 2026
La inflación en EE.UU. volvió a niveles que nadie esperaba y la Fed cambió de dirección en semanas

El petróleo caro disparó la inflación estadounidense al 4,2%, el nivel más alto en tres años. La inflación alta cambió el discurso de la Fed de recortar tasas a subirlas. Y esa cadena, que parece lejana, llega directo a los bonos bolivianos, al costo de los préstamos y al precio de las materias primas que el país exporta.

En marzo, ninguno de los diecinueve funcionarios de la Reserva Federal esperaba subir las tasas de interés este año. En junio, nueve de ellos ya lo contemplan. Ese giro, de cero a nueve en tres meses, es el dato económico global más importante de la semana y sus efectos llegan mucho más lejos que Wall Street.

La causa directa es el petróleo. La guerra en Medio Oriente mantuvo el Estrecho de Ormuz bajo tensión, el precio del crudo se disparó y la energía explicó más del 60% del salto inflacionario de mayo en Estados Unidos. El resultado: un IPC de 4,2%, el más alto desde abril de 2023 y la primera vez en tres años que la inflación estadounidense supera el 4%.

La Fed que ya no habla de recortes

Kevin Warsh, nuevo presidente de la Fed, mantuvo las tasas en el rango de 3,50% a 3,75% pero eliminó cualquier señal de alivio futuro. El mercado que esperaba crédito barato para el segundo semestre de 2026 recibió exactamente lo contrario: la probabilidad de una subida de tasas antes de fin de año ya se cotiza en el 37%. Los recortes que muchos inversores habían descontado se evaporaron en una sola reunión.

El problema de precios es estrecho, concentrado en el petróleo y sus derivados, no extendido a toda la economía como ocurrió entre 2021 y 2023. Pero estrecho no significa inofensivo. Los salarios reales de los trabajadores estadounidenses cayeron 0,8% interanual por segundo mes consecutivo. Cuando los consumidores más grandes del mundo compran menos, el efecto se transmite a quienes les venden.

El dinero ya lo está procesando. Bank of America alertó a sus clientes que el 70% de sus señales de alerta de mercado bajista están encendidas, el mismo umbral observado antes de picos anteriores. Los fondos de mercado monetario acumulan un récord de 8,29 billones de dólares en efectivo. El índice de Miedo y Codicia cayó de 59 a 37 en un mes. El dinero inteligente no está comprando. Está esperando.

La cadena que llega a Bolivia

Cuando la Fed sube tasas o señala que puede hacerlo, el dólar se fortalece y el financiamiento externo para los mercados emergentes se encarece. Bolivia lo está experimentando en tiempo real. Los bonos soberanos emitidos al 9,75% en mayo ya rinden 10,5% en el mercado secundario. Cada punto que sube ese rendimiento es un punto más que Bolivia pagará en la próxima emisión de deuda, en el momento en que negocia con el FMI el mayor paquete de financiamiento de su historia.

Las materias primas. Una desaceleración del consumo en Estados Unidos reduce la demanda de soya, aceites vegetales y minerales que Bolivia y sus vecinos exportan. El sector agropecuario cruceño, que en 2025 superó a los hidrocarburos como principal fuente de divisas del país, vende a mercados que ajustan su consumo cuando la inflación aprieta y el crédito se encarece.

El acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán que reabrió parcialmente Ormuz hizo caer el petróleo y celebrar a los mercados. Si ese acuerdo se sostiene, el petróleo baja, la inflación cede, la Fed retrocede y las condiciones financieras globales se alivian. Para Bolivia ese escenario equivale a menores costos de deuda, mayor demanda de exportaciones y un entorno externo más favorable justo cuando más lo necesita.

El problema es que Teherán ya amenazó con volver a cerrar el estrecho. La cadena que comenzó en el Golfo Pérsico sigue abierta en sus dos extremos. Y mientras siga abierta, cada decisión de la Fed, cada movimiento del petróleo y cada dato de inflación en Washington tiene consecuencias que llegan, con distintos grados de intensidad, hasta Santa Cruz, hasta La Paz y hasta las mesas de negociación donde Bolivia intenta estabilizar su economía.