728 x 90

La industria paceña dice estar en terapia intensiva mientras los medicamentos escasean y la zafra cañera espera diésel que no llega

La industria paceña dice estar en terapia intensiva mientras los medicamentos escasean y la zafra cañera espera diésel que no llega

Los bloqueos que Bolivia acumula durante 30 días ya no impactan solo a la economía formal. Los medicamentos subieron hasta un 70%. Los hospitales racionan oxígeno y posponen cirugías. La zafra cañera sobre 200.000 hectáreas está en riesgo por falta de diésel. Y el sector industrial paceño advierte quiebras definitivas si el conflicto se extiende.

El impacto de los bloqueos en Bolivia llegó esta semana a su expresión más concreta: los medicamentos. El presidente Rodrigo Paz confirmó que los bloqueos de caminos provocan un incremento de precios de alimentos, medicamentos y otros productos básicos en las ciudades de La Paz y El Alto, mientras que en otras regiones del país se comercializan a menores costos. Según El Deber, ese incremento alcanzó hasta el 70% en algunos medicamentos de uso habitual, poniendo tratamientos crónicos fuera del alcance de quienes más los necesitan.

El fenómeno tiene una explicación directa. Cuando los camiones no pueden circular, los productos que escasean en destino suben de precio. Lo que antes llegaba por carretera ahora no llega, y lo que queda en los anaqueles se vende al precio que el mercado informal impone.

Los hospitales operando en emergencia

Los bloqueos y los cercos que asfixian a La Paz y El Alto provocaron que la crisis sanitaria se traslade a los servicios hospitalarios. Los nosocomios de segundo y tercer nivel se vieron obligados a racionar las porciones de alimentos y modificar drásticamente las dietas clínicas por desabastecimiento de productos básicos. Varios centros reportaron que sus reservas de proteínas frescas se agotaron, forzando al personal a implementar raciones secas con insumos no perecederos.

El Servicio Departamental de Salud de La Paz declaró en estado de emergencia a los hospitales del departamento por desabastecimiento de oxígeno, medicamentos, alimentos y combustibles. En el Hospital de la Mujer, la directora Janett Aliaga reportó que el centro tuvo que pedir un uso racional del oxígeno en neonatología, donde hay 29 bebés. Las consultas externas de especialidades críticas se redujeron en un 80% en la sede de gobierno y las cirugías programadas fueron postergadas por tiempo indefinido.

El Ministerio de Salud emitió un llamado urgente a los dirigentes y bases movilizadas para viabilizar el paso de cisternas de oxígeno bloqueadas en carretera, incluyendo una cisterna en el cruce de Culta, municipio de Challapata, destinada a hospitales de Oruro.

La zafra que no puede esperar

A 900 kilómetros de los hospitales sin oxígeno de La Paz, en Santa Cruz el problema es el diésel. La zafra cañera entró en etapa crítica. El presidente de CONCABOL, Alcides Córdova, advirtió que el sector requiere 60 millones de litros de diésel para garantizar la cosecha sobre 200.000 hectáreas. El sector consume cinco millones de litros por mes durante la temporada. «Si el combustible no llega, sin duda existe riesgo de paralización de la zafra», afirmó.

La cadena cañera tiene peso estratégico para el abastecimiento interno de azúcar, alcohol y etanol, sectores que dependen directamente del ritmo de la cosecha. Una zafra paralizada no es solo una pérdida agrícola. Es una presión adicional sobre el abastecimiento básico de un país que ya tiene desabastecimiento generalizado en su capital.

El sector industrial en sus propias palabras

José Eduardo Iriarte, presidente de CADINPAZ, fue directo: «Estamos en terapia intensiva en la industria paceña. No podemos permitir que ocurra nuevamente esto. Luego que pase este bloqueo, que esperamos sea a la brevedad posible, no podemos permitir que aquí a dos meses esto vuelva a pasar.

El sector productivo orureño emitió un pronunciamiento conjunto señalando que los bloqueos paralizan la producción, el comercio, el transporte, el abastecimiento, el empleo y la estabilidad del aparato productivo nacional, además de generar incumplimiento de contratos, retrasos en importaciones y exportaciones e incremento de costos operativos que ponen en riesgo miles de fuentes laborales. Los bloqueos provocarán una contracción adicional del PIB estimada en -0,5%, lo que llevaría al país a registrar la mayor cifra negativa de su historia reciente en términos de crecimiento económico anual.

La frase de Iriarte encierra el problema de fondo. Bolivia no está solo en una crisis de bloqueos. Está en el tercer ciclo de la misma crisis en seis meses. Cada vez que el ciclo se repite, el daño es más profundo porque las empresas tienen menos reservas para resistir el siguiente episodio.

Los medicamentos que cuestan el doble esta semana en La Paz no bajarán automáticamente cuando se abran las rutas. Los tratamientos interrumpidos no se recuperan. Las cirugías postergadas tienen consecuencias que van más allá del calendario. Y la zafra que no arranca en junio no tiene una segunda oportunidad hasta el año siguiente.

Bolivia negocia con el FMI un paquete de financiamiento para estabilizar su economía. Pero la estabilización financiera y la estabilización social son dos procesos distintos que deben avanzar al mismo tiempo. Si uno de los dos falla, el otro no alcanza.