El dato más llamativo no es solo la distancia entre ambos sectores, sino que los hidrocarburos, que durante dos décadas fueron el principal producto de exportación del país, cayeron al tercer lugar del ranking, superados incluso por la soya y sus derivados, que sumaron 360,4 millones de dólares.
Entre enero y mayo de 2026 Bolivia exportó 730.814 toneladas de minerales por un valor de 3.942,9 millones de dólares, casi 13 veces los 304,4 millones de dólares que generaron los hidrocarburos en el mismo período, según el Instituto Boliviano de Comercio Exterior. El dato más llamativo no es solo la distancia entre ambos sectores, sino que los hidrocarburos, que durante dos décadas fueron el principal producto de exportación del país, cayeron al tercer lugar del ranking, superados incluso por la soya y sus derivados, que sumaron 360,4 millones de dólares. Ese cambio de composición ayudó a que Bolivia cerrara los primeros cinco meses del año con un superávit comercial de 1.393 millones de dólares, el primer resultado positivo tras tres años consecutivos de déficit.
El podio de las exportaciones cambia de dueño
El repunte minero no se explica por un mayor volumen exportado, que de hecho fue menor al de 2025, sino por la mejora de las cotizaciones internacionales de minerales como el estaño y el oro. Los hidrocarburos, en cambio, cayeron desde los 486,1 millones de dólares que habían generado un año antes, arrastrados por el descenso de la producción de gas natural y por la reducción de los volúmenes enviados a Brasil y Argentina, los dos mercados que históricamente sostuvieron ese ingreso.
Las empresas y cooperativas mineras son las grandes beneficiadas de este ciclo de precios altos, junto con el Estado, que percibe regalías e impuestos ligados al valor de esas exportaciones. El sector agroexportador de soya, concentrado en Santa Cruz, también sale fortalecido al ocupar ahora el segundo lugar del ranking, por delante de un sector hidrocarburífero que perdió peso relativo. Los perdedores son más difíciles de ver a corto plazo, pero están ahí, las regiones y los actores económicos que durante años dependieron de la renta del gas, entre ellos YPFB y los departamentos productores, ven reducirse una fuente de ingresos que fue el motor fiscal de Bolivia durante buena parte de este siglo.
Un superávit con una sola pierna
El regreso al superávit comercial es una buena noticia para las reservas internacionales del país, justo en un momento en que el nuevo régimen cambiario flexible necesita un flujo constante de dólares para funcionar sin sobresaltos. Pero ese superávit depende en gran medida de un factor que Bolivia no controla, el precio internacional de los minerales, y no de un aumento sostenido en los volúmenes de producción o de exportación.
La pregunta para inversionistas y autoridades es si este cambio de composición marca el inicio de una diversificación real de la economía boliviana más allá del gas, o si se trata simplemente de un ciclo favorable de precios de materias primas que puede revertirse tan rápido como llegó.





