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La crisis boliviana llegó a la agenda del Mercosur y lo que el bloque haga en Luque puede costar o ahorrarle dinero a Bolivia

La crisis boliviana llegó a la agenda del Mercosur y lo que el bloque haga en Luque puede costar o ahorrarle dinero a Bolivia

 Lo que los presidentes decidan sobre Bolivia no es solo una cuestión política, condiciona la percepción de riesgo del país ante inversores internacionales y el acceso a los mercados de crédito en el momento en que negocia con el FMI el mayor paquete de financiamiento de su historia.

El Mercosur llega a su cumbre del 30 de junio en un momento inusual. El bloque que en 35 años construyó acuerdos comerciales con la Unión Europea, avanza negociaciones con Canadá y acaba de lanzar conversaciones con Japón, enfrenta esta semana un asunto que ningún acuerdo arancelario puede resolver: la crisis humanitaria de uno de sus miembros asociados.

La crisis boliviana, con catorce muertos y hospitales sin oxígeno, plantea el test democrático y humanitario más urgente del bloque. La polarización ideológica de la región alcanza niveles que ponen a prueba la cohesión del Mercosur.

Por qué el Mercosur importa para la economía boliviana

Bolivia es Estado Asociado del Mercosur, no miembro pleno. Pero el bloque concentra a sus principales socios comerciales y vecinos, Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay representan una porción significativa de su comercio exterior. La forma en que el Mercosur posicione la crisis boliviana ante la comunidad internacional tiene efectos concretos sobre la percepción de riesgo del país.

La visibilidad regional de la crisis condiciona la percepción de riesgo país y el acceso de Bolivia a los mercados de crédito internacionales. Bolivia negocia con el FMI un paquete de hasta 5.000 millones de dólares y acaba de emitir bonos soberanos que ya rinden más de lo que se emitieron. Cada señal negativa que el entorno regional emite sobre la estabilidad boliviana se traduce en puntos adicionales del EMBI y en mayor costo del próximo financiamiento.

El respaldo explícito de los presidentes del bloque al proceso de estabilización boliviano, en cambio, podría contribuir a comprimir el riesgo país y facilitar las negociaciones con el FMI. No es un efecto automático ni inmediato, pero en un momento en que Bolivia está siendo evaluada permanentemente por los mercados, el contexto diplomático regional suma o resta.

El mapa que cambió en días

El panorama político del bloque se ha transformado de manera profunda en cuestión de días. El giro de Colombia hacia la derecha, con el triunfo de De la Espriella, reconfigura el mapa ideológico de la región y refuerza un eje de gobiernos afines que incluye a Argentina, Paraguay, Chile y Ecuador. Estos dos acontecimientos configuran un escenario político regional radicalmente distinto al que existía hace apenas unas semanas.

Ese nuevo mapa no es neutral para Bolivia. Un bloque con mayor preponderancia de gobiernos de derecha puede ser un interlocutor más exigente en términos de condiciones para el respaldo político, pero también un socio más alineado con las reformas de libre mercado y apertura a la inversión privada que el gobierno de Paz está impulsando.

La dimensión económica del bloque, en contraste con la turbulencia política, muestra señales de estabilización. La estrategia de inserción comercial global del bloque, con el acuerdo con la Unión Europea en implementación, el avance del tratado con Canadá y el lanzamiento de las negociaciones con Japón, confirma la proyección internacional del Mercosur. Sin embargo, la turbulencia política regional y la crisis boliviana proyectan una sombra de incertidumbre sobre las perspectivas económicas, ya que la inestabilidad política puede afectar la confianza de los inversores y el comercio regional.

Para Bolivia, que busca atraer inversión privada a sus sectores energético, minero y agroindustrial, la velocidad con que el país recupere su imagen de estabilidad regional determinará qué tan rápido ese capital externo está dispuesto a mirar hacia La Paz y Santa Cruz.

El Mercosur tiene en sus manos la posibilidad de demostrar que es capaz de gestionar su complejidad con madurez institucional, conciliando su ambición comercial con la defensa de sus principios democráticos y la solidaridad ante las crisis humanitarias.