Un estudio de Worldpanel by Numerator reveló que los 53 días de bloqueos de este año no inventaron nuevos hábitos de consumo, pero sí aceleraron de golpe tres cambios que ya venían gestándose en los hogares bolivianos. El resultado es un consumidor menos fiel a sus marcas de siempre y más dispuesto a probar alternativas económicas.
a inflación y la pérdida de poder adquisitivo venían empujando a los hogares bolivianos a migrar hacia marcas más económicas desde antes de los bloqueos. Lo que hicieron esas semanas de paro fue acelerar ese proceso de forma abrupta. Muchas familias probaron productos que nunca habían comprado, por necesidad más que por elección, y terminaron descubriendo alternativas con una relación calidad precio que las convenció de quedarse.
Alberto Canedo, Advanced Analytics de Worldpanel Bolivia, explicó en el programa Factor K de ESN Live que el análisis se construyó a partir del panel de hogares del país, donde miles de familias registran a diario sus compras mediante el escaneo de códigos de barra. «La lealtad es un camino de ida y vuelta. Las empresas también deben preguntarse qué tan leales están siendo con sus consumidores y qué soluciones les ofrecen en momentos de crisis», señaló.
El barrio, el súper y el minimarket se pelean el carrito de compras
El segundo cambio identificado por el estudio tiene que ver con dónde compran las familias. Durante los bloqueos, los mercados tradicionales y las tiendas de barrio ganaron protagonismo, sobre todo en el occidente del país, simplemente porque eran los puntos donde había productos disponibles. Pasado ese momento, los supermercados, los minimarkets y las cadenas de descuento recuperaron participación y se consolidaron como actores relevantes, un fenómeno que Worldpanel compara con lo que ocurrió años atrás en mercados como el colombiano, donde las marcas propias de estas cadenas terminaron ganando un espacio permanente en el consumo masivo.
Lo que las familias sí y no están dispuestas a recortar
El tercer hallazgo es quizás el más revelador sobre las prioridades del hogar boliviano. Las familias no recortaron el consumo de productos básicos: alimentos, higiene y limpieza se mantuvieron como prioridad presupuestaria. Los ajustes se concentraron en entretenimiento, viajes, eventos y bienes duraderos como vehículos o electrodomésticos. Muchos hogares, además, volvieron a comprar en formatos grandes de despensa como forma de protegerse ante futuros incrementos de precios.
Para las marcas tradicionales y las grandes empresas de consumo masivo, el desafío es doble: recuperar una lealtad que se debilitó y competir contra marcas propias y economicas que ya se ganaron un lugar en la alacena boliviana. Para las cadenas de minimarkets y descuento, en cambio, el momento es una oportunidad de crecimiento estructural. Para el consumidor, la ganancia es más poder de decisión, aunque conviva con un índice de confianza que, pese a una recuperación parcial tras los bloqueos, sigue por debajo del promedio latinoamericano.



