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La construcción se desploma y amenaza con paralizar obras, empresas y empleos en Bolivia

La construcción se desploma y amenaza con paralizar obras, empresas y empleos en Bolivia

La actividad de la construcción se contrajo 27,3 por ciento durante el primer semestre, la caída más profunda entre los principales sectores productivos. El deterioro compromete contratos, empleo e inversión, mientras las empresas reclaman pagos oportunos y ajustes que reflejen el aumento real de sus costos.

La Cámara Boliviana de la Construcción advirtió que la contracción sectorial pone en riesgo la continuidad de proyectos y la sostenibilidad de las compañías. El dato está consignado en el Reporte de Inflación y Política Monetaria del Banco Central de Bolivia.

La crisis responde al encarecimiento de materiales, la dificultad para conseguir dólares, los retrasos en pagos y la falta de aplicación efectiva de mecanismos de reajuste. Una obra contratada con precios antiguos puede volverse inviable cuando suben el cemento, el acero, los equipos y el transporte. Caboco señaló que el deterioro combina problemas que “se acumulan y se agravan entre sí”. La institución sostiene que no busca privilegios, sino reglas claras para cumplir los contratos.

Las empresas constructoras pierden liquidez y capacidad para iniciar proyectos. Los proveedores de materiales, maquinaria y servicios técnicos reciben menos pedidos. Los importadores quedan expuestos al tipo de cambio, que encarece repuestos y equipos.

Menos obras significan menos empleo e inversión

Los trabajadores concentran uno de los mayores impactos. La construcción genera ocupación directa para albañiles, ingenieros, arquitectos y operadores, además de empleo indirecto en transporte, ferreterías y manufactura. Cuando una obra se paraliza, la pérdida se extiende rápidamente. Las familias reducen su consumo, los comercios venden menos y los municipios dejan de recibir movimiento económico. El Estado puede aliviar la situación si regulariza pagos y aplica reajustes respaldados técnicamente. También enfrenta un costo fiscal, porque reconocer aumentos exige más recursos para terminar proyectos contratados.

Los consumidores pierden cuando disminuye la oferta de vivienda o se retrasan hospitales, carreteras y escuelas. Los compradores inmobiliarios también pueden enfrentar precios mayores si las empresas trasladan el aumento de costos.

Los contratos deberán adaptarse antes de quebrarse

El sector necesita distinguir entre proyectos temporalmente afectados y contratos que ya no pueden ejecutarse bajo sus condiciones originales. Continuar obras sin financiamiento suficiente puede acumular deudas y litigios. La próxima señal será la respuesta del Gobierno al pedido de reajuste y regularización de pagos. Si establece criterios transparentes, podrá reactivar proyectos y proteger empleos. Si mantiene valores desactualizados, Bolivia llegará al cierre de año con obras formalmente contratadas, pero sin empresas capaces de terminarlas.