El analista minero Héctor Córdova estima que las exportaciones bolivianas de oro rondan los 3.000 millones de dólares, mientras las regalías representarían aproximadamente 60 millones. El contraste expone un modelo que genera divisas, pero distribuye poco valor fiscal y mantiene elevados costos ambientales y laborales.
El aumento de las exportaciones auríferas convirtió al oro en una fuente decisiva de ingresos externos. Sin embargo, Héctor Córdova sostiene que las regalías representan alrededor del dos por ciento del valor exportado y que parte de las organizaciones productoras opera sin pagar los mismos impuestos que las empresas formales.
Las cifras mencionadas corresponden a estimaciones del analista y no a una nueva liquidación oficial del Tesoro. Aun así, muestran el centro del debate: Bolivia vende un recurso de alto valor, pero el Estado recibe una proporción limitada para financiar salud, educación, infraestructura y control ambiental. La diferencia también afecta a gobernaciones y municipios productores. Si la comercialización se registra con valores inferiores, se ocultan volúmenes o se utilizan canales informales, las regiones reciben menos recursos aunque soporten el impacto de la explotación.
La informalidad castiga a quien cumple las reglas
Las cooperativas y comercializadoras ganan cuando los precios internacionales son elevados y conservan una carga tributaria reducida. Pierden los operadores formales que deben financiar licencias, seguridad laboral, tecnología, impuestos y medidas ambientales.
“Bolivia merece una minería mucho más productiva, más limpia y más transparente”, afirmó Jaime Villalobos, exministro de Minería. Los trabajadores pierden cuando el crecimiento ocurre sin protección, contratos o equipos adecuados. Las comunidades enfrentan contaminación de agua y peces por el uso de mercurio, mientras el Estado termina asumiendo parte del costo sanitario y ambiental. Los compradores internacionales obtienen el metal, pero Bolivia conserva pasivos que pueden permanecer durante décadas.
Ingresar dólares no equivale a pagar más impuestos
El Decreto Supremo 5747 exige que los exportadores acrediten en la banca boliviana el ingreso del 80 por ciento del valor de operaciones anteriores para obtener una nueva autorización. La norma puede mejorar la trazabilidad y disponibilidad de divisas, pero depositar dólares no aumenta automáticamente las regalías ni garantiza que esos recursos sean vendidos al Banco Central.
La próxima prueba será el reporte mensual que Senarecom debe remitir sobre exportaciones y divisas acreditadas. Si esa información se cruza con impuestos, licencias y controles ambientales, el oro puede dejar mayor valor dentro del país. Si el seguimiento se limita al depósito bancario, Bolivia recibirá más dólares visibles sin resolver el bajo retorno fiscal ni el costo ambiental de producirlos.





