Bolivia sembró alrededor de 57.000 hectáreas de trigo, una de las superficies más bajas de las últimas tres décadas. Las importaciones de harina crecen para cubrir el faltante, pero trasladan al pan la presión del dólar, el transporte y los proveedores externos.
Bolivia sembró alrededor de 57.000 hectáreas de trigo en la campaña de invierno de 2026, una de las áreas más bajas de las últimas tres décadas. Anapo atribuye el retroceso a sequías sucesivas, bajos rendimientos y una relación de costos que vuelve más atractivo sembrar sorgo. La organización señala que la producción nacional cubre apenas una fracción del consumo interno.
El faltante se cubre con compras externas. Datos del INE citados por EL DEBER muestran que entre enero y agosto ingresaron 197.931 toneladas de harina, casi todo el volumen importado durante 2025. Además entraron 22.114 toneladas de trigo sin procesar. Esa dependencia asegura abastecimiento, pero expone al pan a la cotización del dólar, al transporte y a los precios de proveedores extranjeros.
Productores piden reducir el riesgo antes de sembrar
Anapo propone un plan que combine crédito, seguro agrícola, semillas mejoradas, fertilizantes, investigación y garantías de compra. Los productores ganarían previsibilidad para devolver trigo a la rotación de invierno. El Estado tendría que financiar parte de los instrumentos y vigilar que las garantías no se conviertan en transferencias sin resultados.
Los molinos e importadores ganan en el corto plazo porque la compra externa permite mantener operaciones cuando falta grano nacional. Pierden si el dólar sube o la logística se encarece. Las panaderías reciben esa presión en harina, azúcar y transporte, con poco margen para absorberla.
Elizabeth Galarza, dirigente de los panificadores independientes, dijo que el sector estudia “rebajar gramaje y no así elevar el precio del pan directamente”. Para el consumidor, mantener el precio con una pieza menor también representa un encarecimiento real.
La próxima campaña definirá quién paga la dependencia
Los trabajadores rurales ganarían jornadas si aumenta la superficie. También se beneficiarían transportistas, molinos y proveedores de insumos. Sin un plan, el empleo se desplaza hacia la importación y distribución, mientras se debilita la cadena productiva local.
La prueba llegará antes de la próxima siembra de invierno. Si el Gobierno acuerda financiamiento, seguro y compras con reglas medibles, los agricultores podrán responder con más hectáreas. Si la decisión se demora, Bolivia llegará a 2027 comprando más harina con dólares caros y el ajuste terminará en el tamaño o el precio del pan.





