La ministra de Turismo, informó este martes que los bloqueos pusieron en riesgo 90.000 empleos en turismo y gastronomía y generaron pérdidas de Bs 1.100 millones entre el 5 de mayo y el 8 de junio. El gobierno presentó un plan de emergencia en tres etapas para contener el daño y reactivar el sector.
El turismo boliviano venía recuperándose. En marzo de 2026, la llegada de visitantes extranjeros había crecido 16% respecto al mismo período del año anterior. Ese impulso se cortó en seco cuando los bloqueos convirtieron a La Paz en una ciudad inaccesible y a las principales rutas turísticas del país en corredores cerrados.
La ministra de Turismo, Cinthya Yáñez, presentó el martes el balance de 39 días de conflicto sobre el sector. Las cifras son contundentes: Bs 1.100 millones en pérdidas entre turismo y gastronomía y 90.000 empleos en riesgo significativo, con especial incidencia en los departamentos más afectados. Hoteles, restaurantes, agencias de viajes, operadoras, transportistas turísticos y guías trabajan en paralización parcial o total desde que los bloqueos cortaron el flujo de visitantes.
Lo que se perdió más allá de los números
El daño no fue solo económico. Los bloqueos coincidieron con eventos de alto valor simbólico y turístico que no pudieron realizarse. La Larga Noche de los Museos y la festividad del Jesús del Gran Poder, dos de los eventos más convocantes del calendario cultural boliviano, fueron afectados directamente. El Gran Poder, en particular, es una de las expresiones culturales más reconocidas de Bolivia a nivel internacional y genera un movimiento económico significativo en artesanía, gastronomía, transporte y hotelería cada año. Perder o reducir ese evento no es solo una pérdida cultural. Es una señal negativa para los operadores internacionales que planifican con meses de anticipación sus paquetes turísticos hacia Bolivia.
El plan que el gobierno activó
Yáñez presentó un plan de emergencia estructurado en tres etapas. La primera, ya en ejecución, se orienta al registro de afectaciones, acompañamiento sectorial y visibilización del impacto real. La segunda contempla medidas extraordinarias de recuperación turística, protección de la cadena gastronómica y preservación del empleo que están siendo gestionadas ante el Ejecutivo. La tercera apunta a la reconstrucción estructural del sector con mecanismos permanentes de protección y resiliencia.
El plan es necesario. Pero tiene un límite que el propio sector turístico reconoce: la recuperación de la confianza de los visitantes internacionales no responde a planes de gobierno. Responde a la percepción de estabilidad. Una alerta de viaje emitida por un país europeo o norteamericano puede tardar meses en levantarse aunque los bloqueos terminen mañana. Los noventa mil empleos en riesgo dependen, en última instancia, de que Bolivia proyecte una imagen de país donde vale la pena planificar un viaje.





