Argentina no logró la inflación cero que se prometió para agosto, pero sí consolidó la desaceleración más marcada de precios en años. Para Bolivia, un peso argentino que deja de devaluarse tan rápido cambia el cálculo de miles de familias que viven del comercio, el contrabando hormiga y las remesas en la frontera sur
El gobierno de Milei había anticipado que la variación mensual de precios arrancaría con cero en agosto, pero el Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central proyectó 1,7%, y consultoras privadas ubicaron el número real en un rango similar. Aun así, la comparación con la Argentina de 2023, cuando la inflación anual superó el 200%, muestra una desaceleración sostenida que el propio mercado reconoce, incluso mientras duda de que el objetivo de largo plazo se cumpla al ritmo que promete el Gobierno.
Un peso más estable cambia el negocio de la frontera
Durante años, la brecha entre una Argentina con alta inflación y una Bolivia con precios relativamente estables alimentó un comercio activo en ciudades como Yacuiba y Bermejo, donde bolivianos cruzaban a comprar combustible, electrodomésticos y alimentos más baratos, o donde el trabajo temporal del lado argentino se volvía atractivo por el tipo de cambio. Un peso que se deprecia menos y precios argentinos que dejan de correr tan rápido reducen ese margen de conveniencia y obligan a comerciantes y trabajadores golondrina a recalcular si el viaje sigue valiendo la pena.
Bolivia mira de reojo el experimento argentino
El efecto no es uniforme. Los comerciantes bolivianos que compran en Argentina para revender en el país pierden el colchón de precios bajos que tenían hasta hace poco. Los trabajadores bolivianos que emigran temporalmente a la Argentina en busca de mejores ingresos podrían encontrar un mercado laboral menos favorable si la desaceleración de precios viene acompañada de menor crecimiento. En cambio, los exportadores bolivianos que compiten con productos argentinos en terceros mercados podrían beneficiarse si Buenos Aires pierde competitividad cambiaria. Para el consumidor boliviano de a pie, el efecto es más indirecto, pero importa como referencia, porque Bolivia atraviesa su propio proceso de ajuste cambiario y observa de cerca si el modelo de shock fiscal y monetario argentino logra sostener resultados sin una recesión prolongada.




