728 x 90

El superávit que esconde una economía que no crece

El superávit que esconde una economía que no crece

Bolivia cerró el primer semestre con el mayor superávit comercial de los últimos once años, 2.560 millones de dólares, gracias casi exclusivamente al precio del oro y la plata en los mercados internacionales. El dato convive con una economía que se contrajo y con un volumen exportado 19% menor al del año pasado.

Según el Banco Central de Bolivia, las exportaciones del primer semestre alcanzaron 6.921 millones de dólares frente a importaciones de 4.360 millones. El resultado supera en 52 millones de dólares el récord anterior, registrado en 2022. Pero el propio comportamiento del comercio exterior revela que el impulso no vino de vender más, sino de vender más caro: Bolivia comercializó 3,75 millones de toneladas, un 19% menos que un año atrás. El oro y la plata, favorecidos por precios internacionales excepcionalmente altos, sostuvieron casi todo el resultado.

La otra cara: una economía que se encoge

Mientras el comercio exterior celebra el récord, el Instituto Nacional de Estadística y análisis privados como Cebec Cainco reportan que la economía boliviana se contrajo alrededor de 3,2% en el mismo semestre. El Banco Mundial proyecta una recesión para 2026 y el FMI evita dar cifras exactas por el nivel de incertidumbre. A esto se suma que la calificadora Fitch expresó dudas sobre la sostenibilidad de la acumulación de reservas del país, y que esta semana asumió Christian Morales como nuevo ministro de Economía, con el encargo presidencial de continuar las negociaciones con el FMI y el Banco Mundial.

El Estado capta más dólares por impuestos y regalías ligados a la minería, un alivio parcial para un país con escasez de divisas. Las empresas exportadoras de oro y plata son las grandes beneficiadas, con ingresos que crecen sin que hayan tenido que producir más. El sector productivo no minero, en cambio, no participa del festejo: la industria y la manufactura siguen golpeadas por la contracción del PIB y por la falta de insumos importados. El consumidor boliviano tampoco nota el superávit en su bolsillo, porque la brecha cambiaria entre el tipo oficial, el valor referencial del dólar y el mercado paralelo sigue encareciendo lo que se compra desde el exterior. El trabajador de sectores no ligados a la exportación minera queda al margen de un resultado que, por ahora, es más financiero que productivo.