El tipo de cambio oficial cerró julio en Bs 12,15, con una devaluación acumulada de Bs 2,42 desde que el esquema cambiario se flexibilizó a fines de junio. Paradójicamente, el Índice de Precios al Consumidor cayó 2,79% ese mismo mes, la primera baja del año, y la inflación acumulada se desplomó a 1,89%.
El Banco Central de Bolivia dejó atrás el tipo de cambio fijo de más de una década y desde fines de junio administra un esquema flexible. El resultado inmediato fue una escalada sostenida: el dólar oficial saltó 26 centavos en una sola jornada hasta cerrar julio en Bs 12,15. La entidad emisora aprobó un reglamento para intervenir comprando y vendiendo divisas, pero cuenta con apenas 639 millones de dólares en reservas disponibles para hacerlo, un colchón ajustado frente a la magnitud de la corrida. En un giro inusual, el dólar paralelo cotiza incluso por debajo del oficial, alrededor de Bs 11,71, un desfase que refleja la oferta y demanda del mercado informal más que una mejora real en la disponibilidad de divisas.
Por qué los precios bajaron justo cuando el dólar subió
Mientras el tipo de cambio se disparaba, el Instituto Nacional de Estadística reportó algo que a primera vista contradice la lógica: los precios al consumidor cayeron 2,79% en julio. La explicación no está en el dólar sino en el abastecimiento. Según el propio INE, la baja se explica principalmente por alimentos como el pollo, la carne de res, el plátano, la cebolla y la zanahoria, productos que se abarataron tras la normalización del transporte de combustibles luego de semanas de escasez de diésel. Es un alivio de corto plazo y de origen distinto al cambiario, no una señal de que la devaluación no vaya a trasladarse a los precios.
Quién gana y quién pierde con este cruce de señales
El consumidor respira hoy con alimentos más baratos, pero enfrenta un dólar más caro para todo lo importado, desde electrodomésticos hasta insumos médicos. El importador ve reducido su margen porque cada dólar le cuesta más bolivianos, un costo que tarde o temprano buscará trasladar a sus precios de venta. El exportador y el sector agropecuario podrían beneficiarse de un boliviano más débil que mejora su competitividad externa, aunque el mercado interno de alimentos muestra por ahora una sobreoferta que presiona los precios a la baja. El Banco Central queda en la posición más delicada: debe sostener un mercado cambiario nervioso con reservas limitadas, lo que deja poco margen para nuevas turbulencias. El trabajador asalariado gana poder adquisitivo mientras los alimentos sigan baratos, pero ese alivio se diluye si el traslado de la devaluación a los precios de bienes importados llega antes de que su salario se ajuste.





