Las encuestas a gerentes de compras publicadas este jueves muestran que la actividad empresarial se ralentizó o contrajo en casi todos los mercados durante mayo. La eurozona registró su peor caída en dos años y medio. La inflación sube mientras el crecimiento baja, el peor escenario posible para los bancos centrales.
La economía mundial lleva tres meses absorbiendo el golpe de la crisis energética provocada por la guerra en Medio Oriente. Este jueves llegaron los números de mayo y el panorama se agravó. Las encuestas realizadas a gerentes de compras desde Australia hasta Europa apuntaron a una situación cada vez más difícil para las empresas manufactureras y de servicios. La actividad fabril se ralentizó o contrajo en todos los índices publicados a primera hora del jueves, a excepción del del Reino Unido.
Las cifras se suman a la evidencia de que las sacudidas de crecimiento e inflación que está sufriendo el mundo a causa de la crisis de Medio Oriente se están extendiendo, lo que complica la tarea de los banqueros centrales. Dado el peligro de que el aumento de los precios tome impulso, los responsables políticos podrían acabar teniendo que elevar los costos de los préstamos, incluso a costa de frenar la debilitada expansión.
Europa al borde de la recesión técnica
El peor impacto se observó en la eurozona, donde el desplome de los indicadores en Francia supuso la mayor sorpresa. La industria manufacturera en Francia y Alemania acaba de entrar en contracción. La actividad empresarial en la zona euro cayó al ritmo más rápido en dos años y medio.
Melanie Baker, economista de Royal London Asset Management, fue directa: «Dado el débil crecimiento en Europa, hay muchas probabilidades de que entremos en una recesión técnica. En estos momentos, se percibe claramente un aire de estanflación.» El Banco Central Europeo enfrenta el dilema más complicado de los últimos años. Pierre Wunsch, gobernador del banco central belga, declaró a Bloomberg Television que una subida de tasas el 11 de junio es «probable» si la guerra no termina pronto. Los indicadores de precios apuntan a una inflación cercana al 4% en los próximos meses.
Chris Williamson, economista jefe de S&P Global, resumió el problema: «Si las presiones de los costos siguen aumentando y la demanda se suaviza, la confianza empresarial y la economía en general podrían sufrir mayores tensiones.
La pregunta que nadie puede responder
La preocupación por la inflación provocó una venta masiva de bonos del Estado que llevó las rentabilidades a largo plazo a su nivel más alto en más de dos décadas. Baker planteó el interrogante central: «¿Llegaremos a una situación en la que haya escasez en varias áreas, y eso realmente provoque un golpe sustancial a la demanda?» Todo depende de cuánto dure la guerra.
Para Bolivia el escenario tiene consecuencias directas. Un mundo con menor crecimiento compra menos soya, menos minerales y menos materias primas. Si los bancos centrales de los países ricos suben tasas para frenar la inflación, el financiamiento externo para economías emergentes se encarece. Bolivia acaba de emitir bonos soberanos y negocia con el FMI en un entorno global que se complica desde afuera, sin que el país pueda hacer nada al respecto.





