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El contraste entre dos vecinos: uno crece al ritmo más alto del continente y el otro no logra salir de la recesión

El FMI proyecta que Argentina crecerá entre 3,5% y 4% en 2026, liderando la expansión entre las grandes economías del continente, casi el doble que Brasil o Estados Unidos. En el mismo periodo, el Banco Mundial anticipa que la economía boliviana se contraerá 1,1%, una brecha que ya empieza a moverse a través de la frontera común.

El Fondo Monetario Internacional ratificó que Argentina será la economía de mayor crecimiento entre las grandes naciones de América en 2026 y 2027, con proyecciones que oscilan entre 3,5% y 4% según la revisión más reciente. El organismo también estimó que la inflación argentina, aunque todavía elevada, seguirá una senda de desaceleración gradual. Se trata de un giro significativo para un país que hace apenas un par de años enfrentaba una de las crisis económicas más profundas de su historia reciente, y que ahora aparece como referencia de recuperación en la región, muy por delante de Brasil, México o Canadá.

La otra cara de la frontera

Para Bolivia, el contraste no es solo estadístico. El Banco Mundial proyecta una contracción de 1,1% del PIB boliviano para 2026, mientras la CEPAL, más optimista, apenas anticipa un crecimiento marginal de 0,5%. Esa diferencia de ritmos entre ambos países ya influye en la dinámica del comercio fronterizo, las remesas y la migración laboral desde el sur de Bolivia hacia territorio argentino, una relación económica que se reconfigura cada vez que uno de los dos lados acelera o frena. Un peso argentino más estable, sumado a una economía en expansión, puede volver más atractivo cruzar la frontera para trabajar o vender, en un momento en que Bolivia atraviesa un tipo de cambio dual y escasez de dólares.

Lo que Bolivia no logra replicar

La comparación deja una lectura incómoda para las autoridades bolivianas: mientras Argentina atrajo inversión y ordenó sus cuentas fiscales para sostener el crecimiento, Bolivia sigue enfrentando un déficit fiscal elevado, reservas internacionales debilitadas y un mercado cambiario que opera con dos precios distintos del dólar. La brecha entre ambos países no depende de un solo factor, pero sí expone qué tan sensible es la economía boliviana a decisiones que se toman fuera de sus fronteras.