Bolivia cerró el primer semestre de 2026 con un superávit comercial de 1.669 millones de dólares, revirtiendo el déficit de 520 millones registrado un año antes. El repunte responde casi por completo a la minería y no alcanza para resolver la escasez de dólares que asfixia al resto de la economía.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística, las exportaciones bolivianas sumaron 6.407 millones de dólares entre enero y junio, un salto de 55% frente a los 4.145 millones del mismo período de 2025. El motor fue la minería, con ventas de plata y zinc en niveles altos, y la manufactura, que creció 56,5% impulsada por el oro metálico. Las importaciones, en cambio, apenas subieron 2%, hasta 4.739 millones de dólares. Ese contraste entre exportaciones disparadas e importaciones casi congeladas es lo que explica el giro de déficit a superávit.
El campo pierde terreno pese a crecer en papel
El sector agropecuario también mostró números positivos, con un avance de 2,8% apoyado en la castaña. Pero la cifra esconde un semestre golpeado. Los bloqueos de mayo y junio interrumpieron rutas y puertos secos, y provocaron una caída en los volúmenes exportados de castaña, aceite de soya y carne bovina, tres productos que suelen sostener al oriente productivo. El crecimiento agropecuario habría sido mayor sin ese freno logístico, y el sector llega al segundo semestre con menos margen de maniobra que el que reflejan las estadísticas oficiales.
Un superávit que no se traduce en más dólares en la calle
El efecto de este resultado no es igual para todos. El Estado gana porque un superávit comercial alivia, al menos en el papel, la presión sobre las reservas internacionales. El sector minero exportador es el gran ganador, con ingresos en divisas que no dependen del mercado cambiario interno. El agropecuario gana en volumen pero pierde en previsibilidad, porque los bloqueos siguen siendo un riesgo que ningún balance comercial puede corregir. Los importadores prácticamente no sintieron cambios, ya que sus compras casi no crecieron. Y el consumidor común, el que hace fila para conseguir dólares o combustible, difícilmente percibe el superávit en su bolsillo, porque las divisas que ingresan por exportación no necesariamente se traducen en mayor oferta de dólares para la economía cotidiana.
La pregunta que queda abierta es si este repunte exportador, concentrado en pocos sectores y vulnerable a los bloqueos, puede sostenerse en el segundo semestre o si fue un fenómeno de corto plazo que no resuelve el problema estructural de fondo: la falta de dólares circulando en la economía real.





