Bolivia presentó su política de apertura aerocomercial en el IV Foro Andino de Transporte Aéreo celebrado en Quito. El gobierno apunta a convertir a Viru Viru en un hub de conexión entre el Atlántico y el Pacífico, atraer nuevas rutas de carga y pasajeros, y capturar divisas por turismo y comercio exterior.
Bolivia tiene una posición geográfica que ningún otro país de la región puede replicar: está en el centro del continente, conecta el Atlántico con el Pacífico y limita con cinco países. Durante décadas no aprovechó esa ventaja desde el aire. El gobierno de Rodrigo Paz decidió que eso cambie.
El ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora, presentó esta semana en Quito los avances de la política de cielos abiertos boliviana durante el IV Foro Andino de Transporte Aéreo, un encuentro de autoridades aeronáuticas, operadores y sector privado de los países andinos. El objetivo declarado es claro: más rutas, más operadores y más integración aérea regional para generar turismo, comercio exterior y divisas.
Lo que Bolivia tiene y lo que le falta
La política ya tiene resultados concretos. En las últimas semanas Bolivia firmó memorándums de entendimiento con 13 países, activó la séptima libertad del aire que permitió el ingreso de Tampa Cargo con vuelos semanales Miami-Bogotá-Santa Cruz-Santiago, y habilitó la ruta Lima-Santa Cruz-Lima con derechos de tráfico ampliados.
Sin embargo, un experto aeronáutico boliviano advirtió en publicaciones previas que el gobierno está firmando acuerdos sin contar todavía con una ley de aeronáutica civil actualizada que los respalde con seguridad jurídica. Los acuerdos bilaterales existen. El marco legal interno que les da solidez a largo plazo está pendiente.
La Comunidad Andina, según datos expuestos en el foro de Quito, movilizó alrededor de 40 millones de pasajeros internacionales en 2024. Bolivia captura una fracción pequeña de ese flujo. La brecha entre esa participación actual y el potencial que su posición geográfica le permitiría es la oportunidad que el gobierno intenta aprovechar.
¿Ayudará esto a la economía?
La respuesta honesta es: sí, pero no inmediatamente y no de forma suficiente por sí sola.
En el corto plazo, cada nueva ruta aérea internacional genera divisas por turismo, reduce costos logísticos para exportadores de alto valor y mejora la conectividad empresarial. Tampa Cargo ya lo demostró: su primer vuelo llegó cargado con 56 toneladas en un momento en que las rutas terrestres estaban bloqueadas.
En el mediano plazo, si Bolivia logra consolidar a Viru Viru como hub regional de carga y pasajeros, el impacto puede ser estructural. Un hub activo genera empleo en logística, aeronáutica, turismo y servicios, y atrae inversión privada que no depende ni del gas ni de los minerales.
Pero el techo es claro. El transporte aéreo no puede reemplazar al terrestre en volumen. Bolivia mueve millones de toneladas de soya, minerales y combustibles por carretera y ferrocarril. Ningún avión sustituye ese flujo. La apertura aérea es una diversificación necesaria, no una solución completa. Y su impacto depende de que la estabilidad que los inversores aéreos requieren para comprometer rutas y frecuencias se sostenga en el tiempo, lo que a su vez depende de que los bloqueos dejen de ser una variable recurrente en el calendario económico boliviano.





