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El Banco Central juega su última carta para frenar al dólar antes de que se le escape de las manos

El Banco Central juega su última carta para frenar al dólar antes de que se le escape de las manos

El Banco Central de Bolivia aseguró que cuenta con más de 1.134 millones de dólares en reservas de rápida liquidez para frenar cualquier sobresalto cambiario. La promesa llega justo cuando el tipo de cambio ya supera los Bs 12 y el fantasma de una cotización de Bs 15 o Bs 20, como ocurrió en la gestión anterior, vuelve a inquietar a los hogares y las empresas bolivianas.

El presidente del BCB, David Espinoza, salió al frente esta semana para asegurar que la entidad tiene la capacidad de intervenir el mercado cambiario cada vez que lo considere necesario. Según explicó, el ente emisor reforzó sus reservas de alta liquidez, compuestas por divisas y oro que puede convertirse en efectivo con rapidez, hasta superar los 1.134 millones de dólares. «Tenemos la suficiente espalda como para atender cualquier sobresalto del sistema cambiario», afirmó Espinoza, quien comprometió que el Banco intervendrá cuando el tipo de cambio muestre sobrerreacciones.

El anuncio llega en un momento sensible. El dólar oficial se movió esta semana por encima de los Bs 12 y acumula una fuerte variación en el último año, mientras el paralelo se mueve en niveles similares. Para el Gobierno, la señal busca contener las expectativas antes de que se conviertan en una corrida hacia el dólar.

Por qué el fantasma de Bs 15 o Bs 20 todavía ronda a los bolivianos

Espinoza fue explícito al marcar la diferencia con la gestión anterior, cuando el dólar paralelo llegó a cotizarse cerca de esos niveles extremos. Su mensaje fue claro: ese escenario es justamente lo que el Banco Central buscará evitar interviniendo de forma activa. El funcionario vinculó esta defensa cambiaria con el objetivo de mantener la inflación en un solo dígito. El propio BCB proyecta que el índice de precios cierre el año en torno al 9%, muy por debajo de las cifras cercanas al 25% registradas en años anteriores.

La apuesta del instituto emisor no ocurre en el vacío. El país transita una transición desde el sistema cambiario fijo que sostuvo durante casi quince años hacia un esquema más flexible, y cada movimiento del tipo de cambio se lee como una prueba de si esa transición puede hacerse sin sobresaltos.

Quién gana y quién pierde con esta apuesta cambiaria

El Estado y el propio Banco Central se juegan credibilidad. Si logran contener al dólar sin agotar reservas, refuerzan la confianza en la nueva política cambiaria. Si no, el costo político y económico será alto.

Los importadores respiran, al menos momentáneamente, con la promesa de un tipo de cambio más predecible, aunque igual deben asumir un dólar más caro que hace un año. Los exportadores, en cambio, siguen mostrándose cautelosos: pese al buen momento de precios internacionales de minerales, la flexibilización cambiaria todavía no les da la confianza suficiente para liquidar sus divisas en el mercado local, lo que mantiene tensa la oferta de dólares.

Para el consumidor y el trabajador, el mensaje del BCB es en el fondo una promesa sobre el costo de vida. Si el dólar se mantiene bajo control, la inflación importada se modera. Si las reservas no alcanzan para contener una presión sostenida, el impacto llegaría directo a los precios de los productos importados y a los ingresos reales de las familias.