El petróleo Brent superó los 93 dólares por barril este 23 de julio, su nivel más alto en más de seis semanas. Para un país que importa buena parte del diésel y la gasolina que consume, cada dólar adicional en el barril se traduce en más presión sobre reservas ya escasas.
El Brent subió cerca de 4% hasta rozar los 93 dólares tras los ataques mutuos entre Estados Unidos e Irán, con operadores temiendo interrupciones en el Mar Rojo, el estrecho de Bab el Mandeb y el de Ormuz. Analistas de mercado citados en medios internacionales advierten que el barril podría acercarse a los 120 dólares si el conflicto se profundiza. Los mercados europeos abrieron la sesión con cautela y el principal índice bursátil español retrocedió medio punto porcentual ante la incertidumbre energética.
Bolivia no exporta el barril que sube, pero sí lo importa
Bolivia dejó de ser autosuficiente en combustibles líquidos hace más de una década y cubre buena parte de su consumo de diésel y gasolina con importaciones que el Estado subvenciona. Un crudo internacional más caro encarece esa factura justo en un momento en que las reservas internacionales del país ya son bajas y el nuevo régimen cambiario flexible vuelve más costoso cada dólar destinado a comprar combustible en el exterior.
Quién gana y quién pierde si el barril sigue subiendo
El Estado pierde porque la subvención a los combustibles importados se encarece justo cuando escasean los dólares para pagarla. El sector transporte y la agroindustria enfrentan mayores costos logísticos y de producción si el diésel importado sube de precio. El consumidor está protegido en el corto plazo por la subvención, pero queda expuesto si el Gobierno decide trasladar parte del incremento a los precios internos. Los productores de gas natural podrían beneficiarse indirectamente si el gas gana atractivo como sustituto energético frente a un petróleo más caro.





