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Bolivia se acerca a un programa con el FMI de hasta 3.500 millones de dólares mientras su deuda externa ya supera los 14.400 millones

Bolivia se acerca a un programa con el FMI de hasta 3.500 millones de dólares mientras su deuda externa ya supera los 14.400 millones

La mayor parte de la deuda externa boliviana está en manos de organismos multilaterales como el BID, la CAF y el Banco Mundial, que ofrecen condiciones más favorables que el mercado privado. Recientemente, el país también volvió a emitir bonos soberanos, lo que analistas describieron como una señal de que Bolivia todavía puede acceder a los mercados internacionales de capital.

El ministro de Economía José Gabriel Espinoza confirmó que el Gobierno buscará un acuerdo con el organismo para inyectar recursos frescos a la economía. «Nada de lo que nosotros hacemos tiene una imposición o una sugerencia de organismos extranjeros, es lo que hay que hacer para darle certidumbre a la economía», dijo el ministro, según declaraciones recogidas por Unitel. El propio Fortun advirtió que el orden de los pasos preocupa: «Idealmente, un programa con el FMI debería venir primero, porque reduce incertidumbre, ordena el marco fiscal y cambiario, y permite que el país vuelva al mercado con una prima de riesgo más baja. Emitir antes del ancla multilateral puede ser entendible por necesidades de caja, pero también revela urgencia.»

Quién gana y quién pierde

De los 14.418,1 millones de dólares de deuda externa, el 70,6% corresponde a organismos multilaterales como el BID, la CAF y el Banco Mundial, acreedores que cobran tasas bajas y plazos largos. Los tenedores privados de los nuevos bonos soberanos, en cambio, ya aseguraron un rendimiento cercano al 9,45% anual, uno de los más altos que Bolivia ha pagado en años recientes. El Estado gana en el corto plazo acceso a liquidez y una señal de respaldo internacional, pero pierde margen de maniobra: entre enero y mayo ya destinó 913 millones de dólares a amortizaciones y 273 millones a intereses y comisiones, dejando una transferencia neta de apenas 5,8 millones de dólares. En la práctica, casi todo lo que Bolivia recibió en préstamos este año se fue en pagar deuda vieja. El ciudadano común es quien eventualmente asume el costo, si el eventual programa exige ajustes en subsidios o gasto público como condición.

El límite de la medida

El Banco Mundial proyecta que la economía boliviana se contraerá 3,2% este año, la peor caída de la región, tras haber cerrado 2025 con otra contracción de 1,6%. Fortun fue claro sobre los límites de cualquier acuerdo con el Fondo: «El problema boliviano no es solo de liquidez externa. Es un problema de régimen macro, con subsidios costosos, déficit persistente, pérdida de ingresos por gas, distorsiones cambiarias y demanda reprimida de dólares. Un programa exitoso tendría que ordenar todo eso gradualmente, no solo desembolsar recursos.» La analista Emanoelle Santos, de la firma XTB, coincidió en que Bolivia es hoy el caso más sensible de la región: «El shock energético agrava una situación que ya venía tensionada por subsidios, menor disponibilidad de divisas y presión social.»

Un eventual acuerdo con el FMI llegaría después, no antes, de que Bolivia ya salió a buscar dinero caro en el mercado, un orden que los propios analistas consideran señal de urgencia más que de fortaleza. La pregunta que queda abierta es qué condiciones traerá ese programa y cuánto ajuste fiscal y cambiario estará dispuesto a aceptar el Gobierno a cambio de esos recursos.

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