El petróleo Brent subió 4,2% este lunes hasta cerca de 79 dólares por barril tras la reanudación de ataques entre Estados Unidos e Irán y el bloqueo del Estrecho de Ormuz, ruta por la que transita cerca de una quinta parte del crudo mundial.
Tras semanas de relativa calma que habían llevado al Brent a su nivel más bajo en tres meses a comienzos de julio, Irán anunció el cierre del Estrecho de Ormuz hasta nuevo aviso y advirtió que responderá con fuerza a cualquier intento de abrir rutas alternativas en la zona. El WTI también avanzó y se ubica cerca de los 74 dólares por barril. La escalada revirtió en pocos días el acuerdo preliminar entre Washington y Teherán que había calmado a los mercados a comienzos de mes.
Por qué le importa a Bolivia
Bolivia mantiene precios regulados para los combustibles en el mercado interno, por lo que un salto en el precio internacional del petróleo no se traduce de inmediato en el surtidor. Pero el país importa una parte creciente del diésel y la gasolina que consume, y ese subsidio se paga con recursos del Tesoro y con los dólares que el Banco Central logra conseguir. Un petróleo más caro presiona directamente sobre esas dos variables, en un momento en que el país ya enfrenta escasez de divisas y un tipo de cambio que subió con fuerza en menos de dos semanas.
Quién gana y quién pierde
Los países exportadores de petróleo de la región pueden beneficiarse de mayores ingresos por sus ventas externas. Bolivia, en cambio, importa la mayor parte de los combustibles líquidos que consume, por lo que el encarecimiento golpea las cuentas fiscales sin compensación por el lado de los ingresos petroleros, ya que la producción de gas natural del país sigue en declive. El consumidor boliviano está, por ahora, protegido por el subsidio, pero ese colchón depende de que el Estado consiga los dólares necesarios para sostenerlo.
Los mercados quedaron pendientes de si la escalada militar se prolonga o si vuelve a abrirse una vía de negociación como la alcanzada a mediados de junio. Para Bolivia, el desenlace en el Golfo Pérsico se suma a una lista de frentes abiertos: la generación de divisas por exportaciones, el nivel de reservas internacionales y ahora también la factura de importar combustibles más caros.





