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El Mercosur inicia negociaciones con Japón sobre litio y minerales críticos, y Bolivia tiene las mayores reservas de litio del mundo

El Mercosur inicia negociaciones con Japón sobre litio y minerales críticos, y Bolivia tiene las mayores reservas de litio del mundo

La urgencia japonesa nació en el Estrecho de Ormuz: el país importa el 90% de su crudo desde Medio Oriente y el cierre del estrecho lo obligó a liberar reservas estratégicas. Lo que Tokio busca en el Mercosur es petróleo, litio y minerales críticos. Bolivia tiene los mayores depósitos de litio del mundo.

La guerra en Medio Oriente aceleró una negociación que llevaba años en conversaciones preliminares. El cierre del Estrecho de Ormuz le recordó a Japón una vulnerabilidad estructural que conoce de sobra, importa alrededor del 90% de su crudo desde esa región y cuando el estrecho se cierra, Tokio libera reservas estratégicas y busca alternativas. Esta vez, la alternativa tiene nombre y coordenadas, el Mercosur.

El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y la primera ministra japonesa Sanae Takaichi anunciaron el inicio formal de las negociaciones para un Acuerdo de Asociación Económica entre ambos bloques en el marco de la semana previa a la cumbre presidencial del 30 de junio en Luque. No es una conversación técnica más. Es el reconocimiento de que América del Sur tiene exactamente lo que la tercera economía del mundo necesita para reducir su dependencia energética y tecnológica de cadenas de suministro que la geopolítica actual está fracturando.

Lo que Japón busca y dónde está

El interés japonés se concentra en tres productos que el Mercosur puede ofrecer y que ningún acuerdo con Medio Oriente puede garantizar, petróleo, litio y minerales de tierras raras. Brasil concentra aproximadamente 21 millones de toneladas de tierras raras, indispensables para la industria digital, los vehículos eléctricos y la defensa. Argentina figura entre los mayores productores mundiales de litio. Y Bolivia tiene las mayores reservas de litio del planeta, estimadas en 21 millones de toneladas métricas, más del 20% del total mundial conocido.

Ese triángulo de recursos críticos es exactamente lo que las economías industrializadas de Asia oriental necesitan para sostener la transición energética y la industria de semiconductores sin depender exclusivamente de China, que hoy domina el procesamiento de tierras raras y controla cadenas de suministro que Estados Unidos, Europa y Japón buscan diversificar con urgencia.

Lo que Bolivia puede ganar y lo que todavía no tiene listo

Para Bolivia, el anuncio de esta semana es una oportunidad con condiciones. El país tiene el recurso que Japón busca, pero no tiene todavía el marco legal que le permitiría convertirlo en exportación a gran escala. La nueva Ley del Litio que el gobierno de Rodrigo Paz incluyó en su paquete de reformas estructurales sigue esperando debate en la Asamblea Legislativa. Sin esa ley, cualquier interés japonés en el litio boliviano choca con la misma barrera jurídica que frenó a los inversores australianos, europeos y coreanos en los últimos años.

Yacimientos de Litio Bolivianos, la empresa estatal que controla la explotación del recurso, tiene capacidad instalada para producir alrededor de 15.000 toneladas de carbonato de litio al año, una fracción menor de lo que el mercado global demanda. Escalar esa producción requiere inversión privada o asociaciones estratégicas con empresas que tengan la tecnología y el capital que el Estado boliviano no puede aportar solo. Japón tiene ambas cosas.

El contexto regional que cambia el cálculo

La negociación Mercosur-Japón ocurre en un momento en que el bloque sudamericano también avanza en la implementación del acuerdo con la Unión Europea y en negociaciones con Canadá. Esa acumulación de acuerdos transforma al Mercosur en un actor comercial de primer orden global, con acceso simultáneo a los tres grandes bloques económicos del mundo desarrollado.

Para Bolivia, Estado Asociado del bloque, ese posicionamiento tiene valor aunque no sea miembro pleno. Los flujos de inversión y comercio que los acuerdos del Mercosur atraen a la región crean un entorno más favorable para cualquier país de la cuenca que tenga recursos que ofrecer. Y Bolivia tiene, en su salar de Uyuni y en los salares del altiplano, uno de los recursos más codiciados del siglo.

La pregunta que la cumbre del 30 de junio en Luque no responderá, pero que Bolivia debe responder antes de que termine el año, es si tendrá lista la arquitectura legal e institucional para aprovechar ese interés antes de que Japón encuentre otro socio en la región.

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