El Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial, estuvo bloqueado durante 10 semanas. Goldman Sachs Research publicó esta semana un análisis con tres razones por las que el impacto económico global fue más moderado de lo que anticipaban las proyecciones iniciales.
El cierre del Estrecho de Ormuz durante 10 semanas era, sobre el papel, uno de los escenarios más temidos por los mercados energéticos globales. Por ese paso transita cerca del 20% del petróleo que consume el mundo. Sin embargo, el impacto sobre la economía global fue más acotado de lo que anticipaban las proyecciones iniciales, según un análisis de Goldman Sachs Research que atribuye esa resiliencia a la combinación de precios del petróleo más contenidos, ajustes en la demanda global y condiciones macroeconómicas que siguieron dando sostén al crecimiento.
Primer motivo: los inventarios amortiguaron el golpe
El shock energético no se tradujo en un salto significativo del precio del crudo. Si bien el riesgo geopolítico era elevado, los inventarios previos al conflicto se ubicaban en niveles inusualmente altos, lo que ayudó a amortiguar la tensión sobre la oferta. En términos simples: el mundo tenía más reservas de petróleo almacenadas de lo habitual, lo que redujo la presión inmediata sobre los precios. Además, los mercados descontaron rápidamente que subidas más marcadas en los precios al consumidor podrían derivar en cambios de política en Estados Unidos, lo que contuvo expectativas alcistas más agresivas.
Segundo motivo: el sistema se adaptó sin colapsar
El segundo factor fue el ajuste de la demanda ante las restricciones físicas en algunos segmentos, como el combustible para aviones. En lugar de generar desabastecimientos generalizados, el sistema absorbió parte del impacto a través de formas relativamente menos costosas de reducción del consumo. Entre ellas se destacan la mayor adopción de energías renovables en China y la reconfiguración de rutas aéreas con menor rentabilidad a nivel global.
Tercer motivo: la economía global tenía respaldo propio
El tercer elemento es el rol de las condiciones macroeconómicas. La política fiscal expansiva, el impulso del ciclo de inteligencia artificial y condiciones financieras todavía favorables contribuyeron a sostener la actividad en distintas economías durante el período del shock.
Bajo el escenario base de Goldman Sachs Research, la reapertura del estrecho se produciría de forma gradual y se completaría hacia fines de junio. En ese marco, el Brent se mantendría estable en el corto plazo y tendería a ubicarse cerca de los 90 dólares por barril hacia fin de año. Aun así, el informe advierte que los riesgos continúan sesgados al alza, con la posibilidad de nuevos episodios de tensión en el mercado energético y un impacto más significativo si el shock se profundiza.
Para Bolivia, que importa casi todo el diésel que consume a precios internacionales, un Brent en torno a los 90 dólares al cierre del año implica una factura de importación de combustibles que seguirá siendo alta y una presión fiscal que no desaparece por el hecho de que el cierre de Ormuz haya resultado menos grave de lo temido.





