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FMI rebaja crecimiento global y alerta de riesgos profundos por guerra en Medio Oriente

FMI rebaja crecimiento global y alerta de riesgos profundos por guerra en Medio Oriente

El Fondo Monetario Internacional ha reducido sus proyecciones de crecimiento mundial para 2026 y advertido que el conflicto en Medio Oriente ha oscurecido las perspectivas económicas globales, con efectos de contagio que podrían extenderse a economías emergentes y mercados financieros. 

El FMI ajustó a la baja la expansión del Producto Interno Bruto global para 2026 a 3,1 %, desde proyecciones anteriores cercanas a 3,3 %, debido principalmente al impacto del conflicto en Medio Oriente sobre los precios de la energía, la inflación y las cadenas de suministro. Bajo escenarios más severos, el organismo advierte que el crecimiento podría descender hasta alrededor de 2 %, un umbral asociado históricamente a episodios de crisis económica global.

Este ajuste refleja un menor dinamismo tanto en economías avanzadas como en mercados emergentes, con una rebaja más pronunciada para estas últimas, que ahora se espera crezcan alrededor de 3,9 %, frente al 4,2 % estimado previamente. La divergencia evidencia la mayor vulnerabilidad de países con alta dependencia energética, déficits por cuenta corriente y exposición al comercio internacional de materias primas.

Presiones inflacionarias y cadenas globales de suministro

La revisión a la baja del crecimiento global se acompaña de una estimación de inflación global más elevada, impulsada por el encarecimiento de los combustibles y alimentos que se han visto afectados por interrupciones en rutas energéticas y logísticas clave, como el estrecho de Hormuz. Este entorno de inflación persistente limita el espacio de maniobra de bancos centrales que enfrentan el dilema entre contener precios y sostener la actividad económica.

Para economías emergentes e importadoras netas de energía, esto se traduce en presiones sobre el tipo de cambio y las reservas internacionales, así como en mayores costos de financiamiento externo ante un menor apetito por activos de mayor riesgo. El FMI también ha señalado que más de una docena de países están buscando asistencia financiera para mitigar los efectos de los altos costos energéticos, subrayando la necesidad de políticas fiscales y monetarias coordinadas.

Impactos en América Latina y Bolivia

Para Bolivia y la región latinoamericana, la revisión del FMI plantea retos macroeconómicos significativos. Una menor expansión global reduce la demanda por exportaciones de materias primas y productos intermedios, afectando la balanza comercial. La presión sobre los precios de la energía alimenta inflación importada y restringe el poder de compra, lo que puede erosionar reservas internacionales y ejercer presión sobre el tipo de cambio si los bancos centrales deben intervenir para estabilizar mercados cambiarios.

Además, las economías con vulnerabilidades fiscales y déficits externos enfrentan un aumento del riesgo país percibido por los inversionistas. Esto puede encarecer los costos del crédito externo y desalentar la inversión extranjera directa en sectores productivos críticos, desde infraestructura hasta energía y manufactura, justo cuando se requieren recursos para impulsar el crecimiento y la diversificación exportadora.

Percepción de mercados y volatilidad financiera

Los mercados globales han mostrado sensibilidad ante la actualización del FMI, con mayores primas de riesgo para activos emergentes y una mayor volatilidad en los mercados de deuda soberana. La posibilidad de escenarios donde la inflación se mantenga elevada mientras el crecimiento se desacelera aumenta la incertidumbre sobre estrategias de política macroeconómica.

La rebaja de las perspectivas de crecimiento mundial por parte del FMI debido al conflicto en Medio Oriente no solo constituye una revisión estadística, sino un reflejo de tensiones estructurales que incrementan el riesgo económico global. Para economías como la boliviana, con desafíos en reservas externas, tipo de cambio y dinamismo exportador, este nuevo contexto exige fortalecer las políticas fiscales, mejorar la gestión de reservas internacionales y promover mayor integración regional para amortiguar impactos externos. La coordinación entre política monetaria y fiscal será clave para preservar la estabilidad macroeconómica y sostener la confianza de los mercados y los inversionistas en un entorno global más complejo.