Bolivia y Chile acordaron modernizar su principal convenio comercial y avanzar en minería, conectividad digital e integración energética. El acercamiento abre oportunidades logísticas y de inversión, pero parte de una relación profundamente desigual para las exportaciones bolivianas.
Los acuerdos abren cuatro frentes económicos
Los gobiernos de Rodrigo Paz y José Antonio Kast suscribieron el 16 de octubre cinco instrumentos bilaterales durante la primera visita oficial de un presidente chileno a Bolivia en 71 años.
La agenda incluye los términos de referencia para modernizar el Acuerdo de Complementación Económica número 22, vigente desde 1993. La negociación buscará ampliar preferencias, reducir barreras regulatorias e incorporar servicios, comercio digital, inversiones, telecomunicaciones y encadenamientos productivos. También se acordó impulsar un corredor terrestre de fibra óptica desde Chile hacia Bolivia, con posibilidad de conexión posterior con Paraguay y Brasil. En minería, ambos países establecieron cooperación en exploración, minerales críticos, procesamiento, información geológica, inversión y prácticas ambientales.
La declaración energética contempla evaluar una futura interconexión eléctrica. Por ahora, los documentos expresan voluntad política y establecen mecanismos de trabajo. No constituyen contratos de inversión ni garantizan nuevas exportaciones.
El desequilibrio comercial define quién debe aprovechar la apertura
Bolivia acumuló un déficit comercial cercano a 8.000 millones de dólares con Chile entre 2000 y agosto de 2026, según datos del INE difundidos por el Instituto Boliviano de Comercio Exterior.
Gary Rodríguez, gerente general del IBCE, señaló que Chile representa aproximadamente el 10 por ciento de las importaciones bolivianas, pero recibe apenas el 1 por ciento de sus exportaciones. Durante 2025, Bolivia importó 773 millones de dólares y exportó 120 millones.
Los importadores ganan si la modernización reduce trámites y costos logísticos. Los consumidores podrían recibir productos y tecnología en mejores condiciones. Sin embargo, las empresas bolivianas que compiten con manufacturas chilenas enfrentarán mayor presión.
Los exportadores ganarán únicamente si mejoran volumen, calidad, certificaciones y promoción. El Estado puede obtener más actividad formal, tránsito y recaudación, pero deberá evitar que la apertura amplíe el déficit.
La próxima prueba será la primera fase de negociación del ACE 22 y la definición de estudios para fibra óptica e interconexión eléctrica. Si Bolivia utiliza ese proceso para eliminar barreras y construir oferta exportable, Chile puede convertirse en un mercado más equilibrado. Si solo facilita importaciones, el acercamiento diplomático modernizará la relación sin corregir quién captura su valor económico.


