La OCDE proyecta que la economía mundial crecerá 2,9 por ciento en 2026, por debajo del avance registrado el año pasado. La inflación del G20 llegará a 4,1 por ciento y mantendrá elevados los intereses, una combinación que limita exportaciones, financiamiento e inversión en Bolivia.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos mejoró ligeramente su previsión para 2026, aunque mantiene un escenario de expansión débil. El crecimiento mundial bajaría desde 3,4 por ciento en 2025 hasta 2,9 por ciento este año, antes de recuperarse moderadamente en 2027.
La inversión asociada con tecnología y la resistencia de algunas economías sostienen la actividad. Sin embargo, el encarecimiento de la energía, los conflictos comerciales y las tasas elevadas reducen el ingreso real y frenan nuevas inversiones.
Las grandes empresas tecnológicas y los exportadores ligados a cadenas dinámicas aparecen como ganadores. Las industrias intensivas en energía, las compañías endeudadas y los países dependientes de materias primas enfrentan mayores riesgos.
La inflación retrasa el alivio financiero
La OCDE calcula que la inflación general del G20 subirá a 4,1 por ciento durante 2026 antes de descender el próximo año. El aumento refleja el choque energético y otros costos que se trasladan hacia transporte, producción y alimentos. Los bancos centrales tienen menos espacio para reducir intereses rápidamente. Los ahorristas pueden recibir mejores rendimientos, pero empresas y consumidores pagan créditos más caros.
Para los trabajadores, el efecto combina salarios presionados por los precios y menor contratación cuando las compañías postergan proyectos. Los consumidores pierden capacidad de compra, incluso en países donde la inflación comienza a moderarse.
Los gobiernos también enfrentan rendimientos elevados en los bonos públicos. El servicio de la deuda compite con inversión, infraestructura y programas sociales.
Bolivia necesita vender más en un mercado que compra menos
Los exportadores bolivianos de minerales, alimentos y manufacturas encontrarán una demanda internacional menos dinámica. El riesgo aumenta si China continúa desacelerándose, porque su crecimiento bajaría a 4,5 por ciento. El Estado boliviano pierde margen cuando el crédito exterior es costoso y los precios de exportación no compensan el menor volumen. Los importadores podrían beneficiarse si se modera la energía, aunque la disponibilidad y cotización del dólar seguirán determinando el precio final.
La señal decisiva llegará durante el último trimestre, cuando la OCDE prevé el punto más alto de la inflación. Si la energía comienza a bajar, el crédito podría aliviarse en 2027. Si el choque persiste, Bolivia deberá competir por divisas y compradores dentro de una economía mundial que crece poco y presta caro.





