El dólar abrió este viernes en Bs 11,65, un 2,45% por encima del cierre anterior, y acumula una variación interanual de 72,91%. El Gobierno proyecta una inflación de 14% y un déficit fiscal de 9% del PIB para 2026, mientras el Banco Central anticipa una contracción económica de 3,6%.
Desde el 29 de junio, Bolivia opera bajo un régimen cambiario unificado que dejó atrás el tipo oficial fijo de Bs 6,96 vigente desde 2011. El valor de referencia que publica a diario el Banco Central de Bolivia se ha instalado en un rango de Bs 11,50 a Bs 12,15, y el mercado paralelo sigue cotizando por encima de ese referencial, con una brecha que en los últimos días rondó el 2%. Fitch Ratings calificó como positiva la transición hacia un esquema más flexible, al considerarla un paso necesario para corregir distorsiones cambiarias y avanzar en el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. La agencia advirtió, sin embargo, que la unificación por sí sola no resuelve la escasez estructural de divisas ni garantiza la reconstrucción de las reservas internacionales.
Un presupuesto reformulado para frenar la sangría fiscal
El ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, explicó que el Presupuesto General del Estado heredado de la gestión anterior contenía ingresos sobrestimados, gastos subestimados e inversión ficticia, lo que llevó a una reformulación que ya permitió reducir el déficit fiscal en más de Bs 23.500 millones y recortar en más de 30% el gasto corriente de los ministerios. El objetivo oficial es bajar el déficit del 12,2% del PIB registrado en 2025 a 9% este año. Las proyecciones sobre el desempeño económico, sin embargo, no coinciden entre instituciones: el Banco Central habla de una contracción de 3,6%, el Banco Mundial anticipa una caída de 1,1% y la CEPAL prevé un crecimiento marginal de 0,5%.
Quién gana y quién pierde con el nuevo esquema
El Estado recauda más bolivianos por cada dólar que ingresa por exportaciones, lo que ayuda a cerrar la brecha fiscal, pero también encarece el servicio de la deuda pública denominada en moneda extranjera. El sector exportador, especialmente minero, recibe más bolivianos por sus ventas al exterior y mejora su margen. El importador enfrenta el efecto contrario: cada insumo o bien comprado afuera cuesta más caro, un costo que en la mayoría de los casos termina trasladado al consumidor final. El trabajador asalariado, con ingresos fijos en bolivianos, pierde poder adquisitivo frente a una inflación que el propio Gobierno proyecta en 14% para el año. El sistema financiero, por su parte, atraviesa la transición más delicada, entre absorber la volatilidad cambiaria y evitar una dolarización de facto de los ahorros de los depositantes.



