La Comisión Económica para América Latina y el Caribe proyecta que Bolivia crecerá apenas 0,5% en 2026, el ritmo más bajo de toda Sudamérica, frente a un promedio regional de 2,2% y economías como Paraguay o Argentina que avanzan varias veces más rápido. La cifra no es solo estadística, marca la distancia entre países que logran atraer inversión y consumo, y uno que sigue atado a la escasez de dólares.
Según la CEPAL, Paraguay liderará la región con un crecimiento de 4,5% en 2026, seguido de Argentina con 3,3% y Perú con 3,2%. Bolivia, en cambio, cierra la tabla sudamericana con apenas 0,5%, una cifra que el propio organismo revisó a la baja respecto a proyecciones anteriores. La brecha entre el país con mejor desempeño y Bolivia supera los ocho puntos porcentuales, una distancia que rara vez se ve entre economías vecinas con estructuras productivas similares.
Los factores que pesan sobre la proyección
La CEPAL vincula el estancamiento boliviano a la reducción de las reservas internacionales y a las dificultades de liquidez en moneda extranjera que enfrenta el país desde hace meses. A ese panorama se suma una advertencia del Fondo Monetario Internacional, que estima que la inflación en Bolivia podría superar el 20% en 2026, un nivel que no se veía en décadas y que erosiona directamente el poder de compra de los hogares. Ninguna de estas cifras es definitiva, son proyecciones sujetas a revisión, pero coinciden en señalar la misma dirección.
Qué significa quedar al fondo de la tabla
Para el Estado boliviano, un crecimiento cercano a cero implica menos recaudación en un momento en que ya enfrenta presión fiscal por subsidios y deuda. Para el empresariado y los inversionistas, la comparación regional es una señal de alerta, mientras Paraguay o Perú compiten por atraer capital, Bolivia compite por retener el que ya tiene. Para el trabajador boliviano, un crecimiento mínimo se traduce en menos empleo formal nuevo, justo cuando la inflación amenaza con acelerarse. Los ganadores relativos son los sectores ligados a la minería y algunas exportaciones no tradicionales, que sostienen parte de la actividad mientras el resto de la economía se enfría.



