Las deudas no subirán porque el 99,3% de los créditos están en bolivianos. El precio del combustible no se tocará. El tipo de cambio arranca en Bs 9,73 porque el mercado ya operaba en ese nivel. Y el Banco Central tiene margen para intervenir si el precio se descontrola.
Hasta el viernes 3 de julio, la Aduana calculará los impuestos de importación y exportación con el tipo de cambio fijo de Bs 6,96 que rigió durante 15 años. Desde el sábado 4, todo cambia. La entidad aplicará el tipo de cambio flexible que el Banco Central publica cada semana, tomando como referencia el valor vigente del viernes anterior.
Si el viernes el dólar oficial está en Bs 9,73, todas las declaraciones de mercancías aceptadas la semana siguiente se calcularán sobre esa base. Si el siguiente viernes el tipo de cambio subió a Bs 9,80, las declaraciones de la semana posterior usarán ese nuevo valor. El sistema se actualiza cada semana, no cada día, para dar previsibilidad a los operadores de comercio exterior.
Lo que esto significa para quien importa
El efecto más directo y más inmediato es sobre los impuestos aduaneros. En Bolivia, los tributos de importación se calculan como porcentaje del valor de la mercancía expresado en bolivianos. Con el tipo de cambio fijo de Bs 6,96, un importador que traía mercancía por 10.000 dólares pagaba aranceles calculados sobre Bs 69.600. Con el tipo de cambio en Bs 9,73, esa misma mercancía genera una base imponible de Bs 97.300. El arancel sube sin que la mercancía haya cambiado de precio en dólares.
Para el importador boliviano eso significa costos más altos, que en la mayoría de los casos terminarán trasladándose al precio final del producto. Según el análisis del economista Fernando Romero, medicamentos, alimentos, maquinaria, repuestos, tecnología y otros productos importados podrían encarecerse si el dólar continúa subiendo.
Hay un amortiguador parcial. El Decreto Supremo 5516, publicado en enero de 2026, redujo a cero el arancel de importación para maquinaria industrial, equipos productivos y repuestos automotrices hasta diciembre de 2026. Para las empresas que importan esos productos, el encarecimiento derivado del tipo de cambio se compensa parcialmente con la eliminación del arancel. Pero para importadores de alimentos, medicamentos y bienes de consumo, ese alivio no existe.
Lo que esto significa para quien exporta
El efecto en las exportaciones va en sentido contrario y es positivo. Un exportador boliviano que vende soya a Brasil recibe dólares. Antes, cuando liquidaba esos dólares en el sistema financiero boliviano al tipo de cambio fijo de Bs 6,96, recibía menos bolivianos por cada dólar que traía al país. Con el tipo de cambio en Bs 9,73, recibe casi 40% más bolivianos por el mismo monto en dólares.
Según Romero, en el mediano plazo las exportaciones podrían ganar competitividad porque los exportadores recibirán mayores ingresos en bolivianos por cada dólar que vendan, lo que incentivará la liquidación de divisas en el sistema financiero en lugar de canales informales. Ese flujo adicional de dólares al sistema es precisamente lo que el gobierno necesita para estabilizar el mercado cambiario.
El sector agropecuario cruceño, que en 2025 superó a los hidrocarburos como principal fuente de divisas del país, es el principal beneficiado de esa lógica. Los exportadores de soya, girasol, carne y castaña verán mejorada su ecuación financiera en bolivianos, lo que puede incentivarlos a liquidar más divisas en el sistema formal y a ampliar su producción.
Los riesgos que el cambio flexible no elimina
Romero advierte que si la oferta privada de dólares sigue siendo insuficiente, el nuevo sistema por sí solo no eliminará la escasez de divisas. El tipo de cambio flexible cambia el precio del dólar pero no crea dólares nuevos. Bolivia necesita más exportaciones, más remesas y más inversión extranjera para que la oferta de divisas crezca de forma sostenida.
La Resolución Ministerial 245 que estableció el régimen flexible señala explícitamente que el objetivo es equilibrar la balanza de pagos, estabilizar la inflación y mitigar los efectos de choques externos. Esos tres objetivos pueden tensionarse entre sí: un dólar más caro equilibra la balanza de pagos porque desincentiva las importaciones, pero al mismo tiempo presiona la inflación al alza porque los productos importados cuestan más bolivianos.
El Banco Central tiene margen para intervenir si el tipo de cambio se mueve de forma brusca. Pero ese margen es limitado: las divisas líquidas disponibles rondaban los 144 millones de dólares al cierre del primer trimestre según el propio BCB. No es un colchón grande para defender el tipo de cambio si la demanda de dólares supera la oferta de forma sostenida. La aduana del 4 de julio en adelante reflejará esa nueva realidad en cada declaración de mercancías que pase por sus sistemas. El número que aparecerá en la base imponible ya no será ficticio. Será el precio que el mercado determine cada semana.





