Bolivia importó 584,2 millones de kilogramos de alimentos en 2025, un 27% más que los 460,9 millones de 2024, según el IBCE con datos del INE. El dato llega en un momento en que los bloqueos demostraron cuán vulnerables son las ciudades bolivianas cuando las cadenas de distribución se cortan.
Bolivia produce soya, girasol, carne y castaña para exportar al mundo. Al mismo tiempo, importa cada vez más los alimentos básicos que consume en casa. Ese es el retrato que dejan los datos del IBCE con base en cifras del INE: en 2025, el país compró 584,2 millones de kilogramos brutos de alimentos en el exterior, frente a los 460,9 millones de 2024. Un salto del 27% en un solo año y el nivel más alto de los últimos años.
El incremento no es uniforme. El rubro que más creció en términos relativos fue el de legumbres, hortalizas, plantas, raíces y tubérculos alimenticios: pasó de 12 millones de kilos importados en 2024 a 29,3 millones en 2025, un aumento del 144%. En valor, Bolivia pasó de gastar 3,4 millones de dólares a 8,2 millones en ese grupo. Son productos que deberían salir del campo boliviano y que cada vez más llegan desde afuera.
Los cereales que se triplicaron
El comportamiento de los cereales es igualmente revelador. Bolivia importó 61,3 millones de kilos en 2025, casi el triple de los 22,2 millones de 2024. El valor pasó de 14,2 millones a 28,1 millones de dólares. El rubro más voluminoso de todos fue el de molinería, almidones y gluten de trigo: 275,7 millones de kilos en 2025 frente a 183,5 millones en 2024, con un gasto que subió de 91,1 a 118,9 millones de dólares.
En el otro extremo, las preparaciones alimenticias diversas, que incluyen productos industrializados y procesados, concentraron el mayor gasto en dólares pese a representar un volumen relativamente pequeño: 178,5 millones de dólares por apenas 25 millones de kilos. Bolivia sigue pagando caro por alimentos con alto valor agregado que no produce internamente.
La causa que los datos no dicen pero que el contexto muestra
El IBCE señala que el incremento en las importaciones de legumbres y hortalizas coincide con dificultades en la producción interna vinculadas a problemas climáticos, sequías en regiones productivas y mayores costos para el sector agrícola, en particular el impacto de la escasez de diésel sobre las labores de siembra, cosecha y transporte.
Ese diagnóstico conecta directamente con el momento que vive Bolivia. Los bloqueos de mayo y junio mostraron con precisión lo que ocurre cuando las cadenas de distribución se interrumpen: los precios de hortalizas y carnes se dispararon en La Paz, los mercados se vaciaron y el gobierno tuvo que recurrir a aviones militares para llevar pollo desde Santa Cruz. Un país que ya importaba el 27% más de alimentos que el año anterior no tiene margen para que su logística interna falle durante semanas. La dependencia alimentaria no es un problema nuevo en Bolivia. Pero los datos de 2025 muestran que se profundizó en un año y que los bloqueos de 2026 la convirtieron en vulnerabilidad visible.





