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La inflación de mayo rompió tres meses de calma y La Paz pagó el precio más alto

La inflación de mayo rompió tres meses de calma y La Paz pagó el precio más alto

La inflación acumulada en los primeros cinco meses llegó a 2,62%. La Paz registró la mayor variación con 5,41%, más del doble del promedio nacional.

Tres meses de relativa calma terminaron en mayo. Después de registrar variaciones negativas en febrero y marzo, y apenas 0,14% en abril, el IPC saltó a 2,13% en mayo, la cifra mensual más alta de 2026. El dato del INE no sorprende a quienes vivieron el mes desde adentro: los bloqueos cortaron las cadenas de abastecimiento de alimentos durante semanas y el resultado llegó directamente a los precios de la canasta familiar.

Los productos que más incidieron en el alza son los de consumo cotidiano: carne de res sin hueso, tomate, carne de pollo, carne de res con hueso, zanahoria y plátano. No son bienes de lujo ni importados. Son los alimentos que aparecen en la compra semanal de cualquier hogar boliviano.

La Paz, el caso extremo

La zona metropolitana de La Paz registró una variación del IPC de 5,41% en mayo, más del doble del promedio nacional. El dato refleja con precisión lo que vivió la ciudad: fue el epicentro de los bloqueos, el punto donde más semanas estuvo cortado el abastecimiento y donde el desabastecimiento se tradujo más rápido en alzas de precios. Tarija registró 2,20%, Oruro 1,47% y Potosí 1,11%.

El incremento no se limitó a los alimentos. También subieron salud, transporte, vivienda y servicios básicos, lo que señala que la presión sobre los precios empezó a extenderse más allá de la canasta alimentaria.

Lo que el dato dice sobre el resto del año

La inflación acumulada de 2,62% en cinco meses es moderada en términos absolutos, pero el ritmo de mayo cambia la lectura. El gobierno proyectó en el PGE una inflación de 14% para todo 2026. Si el segundo semestre mantiene el ritmo de mayo, esa proyección puede quedarse corta.

El FMI es más pesimista: proyecta una inflación de 20,7% para Bolivia en 2026. El dato de mayo no acerca ni aleja esa proyección de forma definitiva, pero sí confirma que la tendencia descendente que se observó entre febrero y abril no era una estabilización estructural. Era, en parte, el reflejo temporal de una economía con menos actividad y menos demanda. Cuando los bloqueos cierran las rutas, la inflación aparece. Cuando las rutas vuelven a abrirse, el abastecimiento se recupera pero los precios no siempre bajan con la misma velocidad con que subieron.