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El agro genera más dólares que el gas mientras Bolivia cambia su mapa exportador

El agro genera más dólares que el gas mientras Bolivia cambia su mapa exportador

La soya y sus derivados generaron 933,1 millones de dólares entre enero y septiembre, por encima de los 831,8 millones aportados por el gas natural. El cambio fortalece a la agroindustria, pero la caída de septiembre advierte que el nuevo liderazgo todavía no está asegurado.

Durante décadas, el gas fue uno de los principales pilares económicos de Bolivia. Financió importaciones, sostuvo ingresos públicos y convirtió a Brasil y Argentina en compradores estratégicos. Esa posición comenzó a deteriorarse por la caída de la producción y la reducción de los volúmenes exportados.

Ahora, la soya empieza a ocupar parte de ese espacio.

Entre enero y septiembre de 2026, las exportaciones de soya y sus derivados generaron 933,1 millones de dólares. Las ventas de gas natural alcanzaron 831,8 millones. La diferencia a favor de la cadena soyera fue de 101,3 millones.

El cambio es significativo porque un año antes ocurría lo contrario. Durante los primeros nueve meses de 2025, el gas todavía superaba a la soya. La relación se invirtió por el crecimiento de las ventas agroindustriales y la pérdida de fuerza del hidrocarburo.

El mayor aporte no provino del grano sin procesar. Los derivados de soya, como harina y aceite, generaron 884,7 millones de dólares y explicaron alrededor del 95 por ciento del valor exportado por la cadena.

Esto entrega una señal importante: Bolivia obtiene más valor cuando transforma la producción antes de venderla.

Santa Cruz gana protagonismo, pero también asume el riesgo

Las empresas agroindustriales aparecen entre las principales ganadoras porque reciben más pedidos, utilizan sus plantas y movilizan transporte, almacenamiento y servicios financieros. Los productores pueden acceder a una mayor demanda, aunque continúan presionados por el precio del combustible, los fertilizantes, los agroquímicos y la maquinaria importada. Los exportadores ganan ingresos y mercados. Los importadores de insumos también encuentran oportunidades, pero necesitan dólares para reponer inventarios. Esto significa que una parte de las divisas generadas por la soya vuelve a salir para financiar la siguiente campaña.

Los trabajadores vinculados con molienda, almacenamiento, transporte y comercio exterior pueden beneficiarse con mayor actividad. Sin embargo, el empleo agroindustrial sigue expuesto a temporadas, condiciones climáticas y procesos cada vez más mecanizados.

El Estado recibe divisas, impuestos y movimiento económico. La pérdida aparece en los ingresos que deja de generar el gas. La soya no sustituye automáticamente las regalías, el Impuesto Directo a los Hidrocarburos ni la capacidad fiscal que tuvo el sector energético.

Los consumidores tampoco reciben un beneficio inmediato. Exportar más no garantiza alimentos más baratos. Si la producción no acompaña el crecimiento de las ventas externas, puede aumentar la competencia entre el mercado nacional y los compradores internacionales.

La ventaja sobre el gas puede desaparecer rápidamente

El resultado acumulado es positivo, pero septiembre dejó una advertencia. Las exportaciones de soya y derivados cayeron 36,8 por ciento frente a agosto y quedaron en 118 millones de dólares.

La ventaja mensual sobre el gas se redujo a solo 7,6 millones. Además, aunque la cadena soyera vendió más que en 2025, su participación en las exportaciones nacionales bajó de 11,8 a 9 por ciento. La explicación está en el crecimiento más acelerado de los minerales y el oro. Bolivia exportó más, pero la soya perdió peso dentro del total. Esto demuestra que superar al gas no significa haberse convertido en la principal actividad exportadora del país.

La próxima campaña agrícola será decisiva. Si mejora la productividad, se garantiza combustible y la industria amplía mercados, la soya podrá consolidarse como una fuente estable de dólares. Si continúan los costos elevados y la caída mensual, Bolivia habrá encontrado un reemplazo parcial para el gas, pero todavía no un motor capaz de sostener por sí solo la economía.