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Dos pozos no hacen un campo: por qué Surubí-Mamoré no puede rescatar la energía boliviana

Dos pozos no hacen un campo: por qué Surubí-Mamoré no puede rescatar la energía boliviana

La estatal regresa a uno de sus yacimientos históricos en el momento en que el país más necesita petróleo propio, pero también en el momento en que ese campo ya demostró, con décadas de explotación, sus límites geológicos.

YPFB planea perforar los pozos Surubí Noroeste 6  y Surubí Noroeste 9H. El primer pozo alcanzará una profundidad aproximada de 3.200 metros y será ejecutado con un equipo de perforación de 2.000 caballos de fuerza.

Surubí-Mamoré llegó a representar cerca del 38% de la producción petrolera boliviana en sus mejores años, aunque su rendimiento fue cayendo por agotamiento natural y falta de nuevas inversiones de desarrollo. La producción actual del área oscila entre 1.200 y 1.300 barriles por día, y la petrolera busca prácticamente duplicar ese volumen en el mediano plazo mediante nuevas perforaciones, reacondicionamiento de pozos y optimización de facilidades de superficie.

La inversión asignada para el área Surubí-Mamoré en 2026 es de $us 71,6 millones, dentro de una inversión total corporativa proyectada por YPFB de $us 600,8 millones para todo el país. Para contextualizar ese número: Bolivia gastó solo en enero de 2025 más de $us 210 millones en importar gasolina y diésel, según datos del Instituto Nacional de Estadística.

El agujero negro energético

El fondo del problema no es Surubí-Mamoré. Es una brecha estructural que creció durante más de una década sin que ningún gobierno lograra cerrarla. En 2024, Bolivia exportó gas natural por $us 1.614,6 millones, la cifra más baja de los últimos años, pero importó gasolina y diésel por un valor de $us 2.611,7 millones,  gasolina por $us 879,3 millones y diésel por $us 1.732,4 millones. El resultado fue un déficit en la balanza energética de $us 977,1 millones, frente a $us 796,2 millones en 2023 y apenas $us 18 millones en 2022, que fue la primera vez que Bolivia registró una balanza negativa en el sector

Entre 2014 y 2024, la producción de gas cayó aproximadamente 44%. Ese desplome convirtió lo que era la principal fuente de divisas del Estado en un gasto creciente. Bolivia importa cerca del 90% del diésel y el 56% de la gasolina que necesita.

La lógica del subsidio amplifica el daño. El gasto en importación de combustible se triplicó prácticamente desde 2014, cuando en toda la gestión se desembolsaron $us 1.110 millones. El Estado compra caro en el mercado internacional y vende barato en el mercado interno, absorbiendo la diferencia con reservas que ya no tiene holgura para sostenerlo.

Pozos de desarrollo versus descubrimientos

Álvaro Ríos, exministro de Hidrocarburos y analista sectorial, sintetizó el problema con una frase que circula entre operadores del sector: «Lo que estamos viviendo es lo que yo denomino el agujero negro energético boliviano: la energía en Bolivia se está devorando los dólares y la economía boliviana.» Ríos ha advertido que, sin nuevos descubrimientos de magnitud, para 2029 Bolivia podría importar combustibles por un valor de $us 5.500 millones anuales.

Esa distinción es clave para entender por qué Surubí-Mamoré importa pero no alcanza. Los dos pozos que perforará YPFB son pozos de desarrollo, no exploratorios. Trabajan sobre una estructura ya conocida, con reservorios identificados. Reducen el riesgo geológico, pero también limitan la magnitud del potencial. No son apuestas para descubrir nuevos volúmenes; son esfuerzos para extraer mejor lo que ya se sabe que existe.

Analistas del sector consideran que la perforación en Surubí-Mamoré es una señal positiva, pero insuficiente frente al tamaño del problema energético boliviano: el país necesita no solo sostener campos maduros, sino encarar una agresiva reposición de reservas luego de años de baja exploración efectiva.

El costo del tiempo perdido

En las dos últimas décadas, la exploración de nuevos yacimientos quedó rezagada, y el país enfrenta hoy un problema serio con la producción de gas y combustibles, que se importan a precios internacionales. Esa frase, que podría leerse como diagnóstico neutral, es en realidad un veredicto sobre decisiones de política energética que priorizaron la captación de renta sobre la reposición de reservas.

El contexto internacional agrava la presión. El Presupuesto General del Estado 2026 fue elaborado con un supuesto de $us 64,5 dólares por barril, pero el mercado opera hoy alrededor de los $us 109 dólares, casi 70% por encima de la variable con la que el gobierno calculó ingresos, subvenciones y necesidades de importación.

Surubí-Mamoré puede sumar barriles. Puede reducir, en el margen, la presión sobre las importaciones de crudo para refinación. Lo que no puede hacer es reemplazar la exploración que no se realizó durante años ni compensar la caída de producción a escala nacional. YPFB lo sabe. Por eso, al mismo tiempo que anuncia estos dos pozos de desarrollo, mantiene en cartera una agenda exploratoria más amplia que incluye pozos en Mayaya Centro, Vitiacua y Remanso, entre otros. La pregunta que Bolivia no puede postergar indefinidamente es cuántos de esos pozos llegarán a perforarse antes de que el déficit energético alcance un nivel que ya no admita parches.