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Bolivia contiene la inflación anual, pero alimentos y transporte mantienen la presión sobre los hogares

La inflación de septiembre alcanzó el 0,85 por ciento, impulsada por el encarecimiento del tomate, la papa, el transporte y las bebidas. El resultado mantiene el aumento anual dentro de un nivel moderado frente a otros periodos, pero evidencia que los problemas logísticos continúan trasladándose directamente al bolsillo.

El Índice de Precios al Consumidor aumentó 0,85 por ciento durante septiembre, según los datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadística. La inflación acumulada entre enero y septiembre llegó a 3,88 por ciento, mientras la variación de los últimos doce meses se situó en 5,70 por ciento.

El tomate destacó entre los productos de mayor incidencia con un aumento aproximado del 38 por ciento. También subieron la papa, las bebidas gaseosas y algunos servicios de transporte. El comportamiento muestra que la inflación boliviana continúa respondiendo con rapidez a dificultades de abastecimiento, bloqueos y mayores costos logísticos. En Santa Cruz se registraron periodos de sobreoferta de tomate, mientras La Paz y Cochabamba enfrentaron escasez. La diferencia revela un problema de conexión entre regiones antes que una falta absoluta de producción.

El diésel todavía no trasladó todo su impacto

Septiembre fue el primer mes con el nuevo esquema de precios del diésel. Aunque la inflación mensual aumentó, el efecto completo sobre alimentos, transporte e industria puede demorar porque numerosos contratos, inventarios y tarifas todavía no fueron actualizados.

Los productores agrícolas pierden cuando el combustible, los fertilizantes y el transporte elevan sus costos. Los transportistas buscan trasladar esa diferencia a fletes y pasajes. Las empresas grandes cuentan con más capacidad para negociar proveedores, mientras los pequeños negocios enfrentan márgenes cada vez más reducidos. Los consumidores y trabajadores son los principales afectados cuando sus ingresos permanecen sin cambios. El Estado gana cierto espacio fiscal al reducir el subsidio, pero pierde si el incremento de precios obliga a ampliar bonos, controles o compensaciones.

La inflación de octubre medirá el costo real del ajuste

El tipo de cambio oficial de compra bajó este martes a Bs 11,97 por dólar. Una moneda estable puede moderar el costo de las importaciones, aunque su efecto dependerá de que las empresas consigan divisas cerca de la referencia publicada. La prueba decisiva llegará con el reporte de octubre. Si el abastecimiento se normaliza y el dólar permanece estable, la inflación podría perder impulso. Si los nuevos costos de transporte llegan plenamente a alimentos y servicios, septiembre habrá sido el comienzo de una presión mayor y no un aumento aislado.