El dólar flexible tiene un efecto que nadie anunció. todo producto importado pagará ahora aranceles e IVA calculados sobre una base casi 40% más alta que antes. El Estado recauda más. El importador paga más. Y dependiendo de cuánta competencia tenga el mercado, el consumidor puede terminar pagando más también.
Cuando el gobierno anunció el tipo de cambio flexible el viernes, el foco estuvo en el precio del dólar, en las reservas y en el acuerdo con el FMI. Lo que pasó desapercibido es que ese mismo movimiento cambiario tiene un efecto automático sobre todo lo que Bolivia compra en el exterior, sin que nadie haya tocado una sola ley arancelaria.
El economista Gonzalo Chávez lo explicó en el programa Que No Me Pierda de Red Uno con una lógica simple: si antes un producto de 100 dólares se valoraba en la aduana con el tipo de cambio oficial de Bs 6,96, eso equivalía a una base imponible de Bs 696 para calcular aranceles e IVA. Ahora, con el tipo de cambio en Bs 9,73, esa misma mercancía de 100 dólares tiene una base imponible de Bs 973. El producto no cambió. El dólar no cambió. Solo cambió la vara con que la aduana lo mide.
Quién gana y quién pierde
El Estado gana en el corto plazo. Mayor base imponible significa mayor recaudación aduanera, lo que alivia modestamente un déficit fiscal que el gobierno proyecta en 9,2% del PIB para 2026. Es un ingreso adicional que llega sin necesidad de crear nuevos impuestos ni modificar aranceles.
El importador boliviano pierde. Pagará más tributos por la misma mercancía. Lo que haga después con ese costo adicional depende de cuánta competencia tenga en su mercado. Chávez fue preciso sobre esa distinción: en productos con alta competencia como artículos de limpieza o higiene, el traslado al consumidor podría ser limitado porque la presión competitiva impide subir precios libremente. En cambio, en productos con menor competencia como algunos medicamentos, existe mayor posibilidad de que ese sobrecosto llegue al precio final.
La devaluación que ya ocurrió
Chávez advirtió además que el impacto en precios no debe leerse como algo completamente nuevo. La devaluación ya ocurrió, sostuvo el economista, porque durante los últimos años importadores, exportadores y personas que necesitaban dólares ya venían realizando transacciones a valores muy superiores al tipo de cambio oficial anterior. Los precios ya subieron durante todo ese periodo. Parte del impacto ya fue absorbido por la economía y por la inflación registrada previamente.
Ese razonamiento es importante para entender lo que viene. No es que el tipo de cambio flexible vaya a generar inflación desde cero. Es que formaliza una realidad que el mercado informal ya había procesado. El riesgo real es que los sectores que todavía operaban parcialmente al tipo de cambio oficial, como algunos contratos de importación de larga data, enfrenten ahora un ajuste brusco que no habían anticipado.
Lo que el dólar flexible no hace solo
Chávez fue claro sobre el límite de la medida: el nuevo régimen cambiario no crea un solo dólar adicional. Bolivia necesita aumentar sus exportaciones, reducir el déficit fiscal y fortalecer la independencia del Banco Central para que el sistema sea sostenible. El economista cuestionó además que el anuncio del nuevo régimen haya sido realizado desde el Ministerio de Economía y no desde el propio Banco Central. Recuperar la institucionalidad del BCB es clave para dar señales de credibilidad, reputación y previsibilidad al mercado.
Su conclusión fue la que mejor resume el momento que vive Bolivia: «El gobierno tiene que hacer mucho más que simplemente cambiar el régimen. Tiene que cambiar la economía.» El tipo de cambio flexible es un primer paso necesario. Sus efectos sobre la aduana, los precios y la recaudación son reales y ya están ocurriendo. Pero la pregunta que Bolivia no puede postergar es si este primer paso será suficiente para atraer los dólares que el sistema necesita, o si el país necesitará dar varios más antes de que la escasez de divisas deje de ser la variable que define todo lo demás.





