América del Sur crece. Bolivia retrocede. No hay otro país en la región con esa combinación este año según los organismos más pesimistas. Lo que separa a Bolivia de sus vecinos no es solo el número sino la trayectoria: mientras el resto mejora sus proyecciones, las de Bolivia llevan doce meses moviéndose en una sola dirección.
A principios de año, el Banco Mundial proyectaba para Bolivia una caída de -1,1% del PIB en 2026. El ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, respondió en Davos que esa proyección no incorporaba el impacto de la eliminación del subsidio a los combustibles y que el organismo la revisaría. «Yo creo que vamos a dar una sorpresa. Probablemente no sea el año con mayor crecimiento de la historia, pero sí vamos a tener un crecimiento positivo», afirmó.
El Banco Mundial revisó la proyección en abril. La llevó a -3,2%. La ratificó en junio. La sorpresa fue al revés. Bolivia cierra 2026 con una caída de -3,2% según el informe Global Economic Prospects del Banco Mundial publicado en junio, muy por debajo del crecimiento regional estimado en 2,2%. Ningún otro país latinoamericano presenta una contracción de esa magnitud.
La historia de una proyección que empeoró tres veces
El recorrido del Banco Mundial sobre Bolivia en los últimos doce meses es el termómetro más preciso del deterioro económico del país. En octubre de 2025, el organismo proyectaba -0,5% para 2025, -1,1% para 2026 y -1,5% para 2027. Cada revisión posterior empeoró el número.
A inicios de 2026, el organismo estimaba una caída de -1,1% para Bolivia en 2026. El reporte de abril refleja un escenario más complejo y lleva esa cifra a -3,2%. Para 2027, la previsión que en enero apuntaba a -1,5% ahora se ha deteriorado hasta -4%.
Cada revisión tiene una causa identificable. La de octubre de 2025 incorporó la crisis de divisas. La de enero de 2026 incorporó la contracción del gas. La de abril incorporó el deterioro fiscal y la incertidumbre política. Lo que ninguna de esas revisiones alcanzó a incorporar son los bloqueos de mayo y junio, que destruyeron más de 2.700 millones de dólares en actividad económica según la CNI. Cuando el Banco Mundial publique su próxima actualización, ese impacto todavía no está en el número.
El triángulo de proyecciones que nadie puede ignorar
Bolivia tiene hoy tres lecturas internacionales de su economía que difieren en casi cuatro puntos porcentuales. El FMI proyecta -3,3%. El Banco Mundial, -3,2%. La CEPAL, +0,5%.
La divergencia entre los organismos no es un detalle técnico. Es la señal más clara de que nadie tiene certeza sobre lo que ocurrirá con Bolivia en los próximos seis meses. Las tres proyecciones fueron elaboradas con supuestos distintos sobre el tipo de cambio, la producción de gas, el impacto de los bloqueos y el avance del acuerdo con el FMI. Cuando esas variables se mueven al mismo tiempo en distintas direcciones, como ocurrió en junio, el margen de error de cualquier modelo se amplía.
El propio gobierno proyecta -1,28% en su PGE reformulado, una cifra más optimista que el FMI y el Banco Mundial pero más pesimista que la CEPAL. En Davos, el ministro prometió crecimiento positivo. El PGE reformulado ya no lo promete. El número fue bajando a medida que la realidad fue llegando.
Lo que el segundo semestre puede cambiar
Bolivia arranca el segundo semestre con más señales positivas que en cualquier momento del primer semestre: tipo de cambio flexible, rutas abiertas, acuerdo con el FMI en negociación avanzada y un corredor vial rehabilitado. El Banco Mundial anticipa que la economía boliviana podría recuperar dinamismo en 2027, con un crecimiento estimado de 4%, lo que marcaría un rebote tras el periodo de ajuste.
Ese rebote de 4% en 2027 tiene condiciones implícitas que el segundo semestre de 2026 debe construir. Si el acuerdo con el FMI se cierra, si las leyes de inversión e hidrocarburos avanzan en la Asamblea y si el tipo de cambio flexible atrae más dólares al sistema, las proyecciones de 2027 tienen sustento. Si alguna de esas piezas no encaja, el -4% proyectado para 2027 podría tener el mismo destino que el +1% que el ministro prometió para 2026 en Davos.





