El desabastecimiento de gas licuado impacta sectores clave como la avicultura, panificación y gastronomía, obligando a operadores a enfrentar limitaciones en insumos energéticos básicos, con efectos económicos verificables sobre operación y costos.
La persistente escasez de gas licuado de petróleo en Bolivia está forzando a sectores productivos como la avicultura, la panificación y la gastronomía a operar al límite de su capacidad, con restricciones en el suministro, incremento de costos operativos y dificultades logísticas que pueden afectar la oferta de productos básicos y el equilibrio del mercado interno.
Sectores productivos y consumidores en Bolivia enfrentan escasez de GLP, evidenciada por largas filas y restricciones de venta, así como reventa a precios por encima del valor oficial de Bs 22,50 por garrafa, alcanzando Bs 30-40 en mercados secundarios. A nivel nacional, se distribuyen alrededor de 170.932 garrafas diarias, pero el contrabando de este energético representaría unas pérdidas de aproximadamente US$200.000 por día para la economía local, según autoridades del sector hidrocarburos.
La caída sostenida de la producción de GLP en regiones productoras como Santa Cruz, donde los volúmenes actuales son sustancialmente inferiores a los registrados en años anteriores, indica una tendencia de declive estructural de la oferta energética doméstica que contribuye al desabastecimiento general.
Impacto económico por sector
La falta de GLP limita la capacidad de mantener temperaturas controladas en las primeras etapas de crianza de pollitos, lo que puede traducirse en debilitamiento del sistema inmunológico de las aves y menores rendimientos productivos. Un productor requiere entre 70 y 80 garrafas durante los primeros 15-17 días de crianza por cada 10.000 pollitos, volumen que actualmente resulta difícil de obtener, especialmente para criadores pequeños y medianos.
El sector panificador necesita aproximadamente una garrafa de gas por quintal de harina y un mínimo de dos garrafas al día para operaciones normales. La restricción en el suministro y la reventa de garrafas elevan los costos operativos, afectando la capacidad de mantener precios competitivos en productos básicos como el pan. Negocios gastronómicos pequeños reportan que el acceso al GLP se ha vuelto impredecible, obligándolos a competir por recursos limitados y, en algunos casos, recurrir a alternativas como carbón o leña, que no siempre son viables ni eficientes. La incertidumbre en el abastecimiento puede traducirse en disrupciones en servicio y posibles reducciones en volumen de ventas.
Relevancia estructural
La escasez de GLP debe analizarse también dentro de un contexto más amplio de presiones energéticas en Bolivia. La producción de gas natural (insumo del GLP) ha registrado una caída sostenida en años recientes, reduciendo la capacidad de satisfacer la demanda interna sin recurrir a importaciones. Esta dinámica contribuye a tensiones en la balanza comercial y presión sobre reservas de divisas, dado que Bolivia importa combustibles para cubrir brechas de oferta energética.
La escasez de gas licuado de petróleo en Bolivia no es un fenómeno aislado de corto plazo, sino un síntoma de desafíos estructurales en el sector energético que repercute en cadenas productivas esenciales. Los sectores de avicultura, panificación y gastronomía, al requerir GLP como insumo básico, enfrentan costos operativos crecientes y dificultades logísticas que pueden traducirse en menores rendimientos productivos y presión sobre precios finales. La situación subraya la necesidad de abordar el abastecimiento energético como un componente estratégico de política económica, con implicaciones directas para la competitividad, el mercado laboral y el balance entre oferta interna y demanda de bienes alimentarios.





