El ministro de Economía y Finanzas Públicas informó que el índice de riesgo país de Bolivia descendió a 364 puntos básicos, una variación significativa respecto a niveles registrados en 2025 y que incide directamente en el costo de financiamiento externo, percepción de riesgo y competitividad internacional del país.
El ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, afirmó recientemente que el riesgo país de Bolivia se ubicó en 364 puntos básicos, medido sobre la base del índice de Bonos de Mercados Emergentes (EMBI) calculado por JPMorgan Chase & Co., indicador que compara la sobretasa que un país debe pagar sobre los bonos del Tesoro de Estados Unidos para colocar deuda en el mercado internacional.
La cifra representa una significativa mejora frente a niveles de 2025, cuando este indicador superaba ampliamente los 1.000 puntos básicos, y en algunos momentos estuvo por encima de 1.400 puntos, según registros de Bloomberg y reportes de mercado.
Desde la perspectiva de las agencias calificadoras, esta dinámica de riesgo país se complementa con evaluaciones de calificación crediticia. En enero de 2026, Fitch Ratings elevó la calificación soberana de Bolivia de CCC- a CCC, citando reducción de restricciones políticas para acceder a créditos internacionales y avances en estabilidad macroeconómica, aunque advirtió que persisten riesgos por limitada liquidez externa.
Impacto en financiamiento y condiciones de acceso a mercados
Un riesgo país más bajo se traduce, en términos concretos, en menores primas de riesgo exigidas por inversionistas y acreedores al evaluar bonos soberanos y emisiones externas. Esto influye directamente en el costo de financiamiento para el sector público y, de forma secundaria, para empresas privadas nacionalizadas o vinculadas con el Estado.
En ambientes de elevado riesgo soberano, los diferenciales que los inversionistas requieren pueden incrementar significativamente el costo de deuda externa, limitando el acceso de mercados emergentes a capitales competitivos. En julio de 2025, por ejemplo, Bolivia enfrentaba spreads por encima de 1.400 puntos básicos, lo que implicaba una sobreprima considerable respecto a los bonos del Tesoro estadounidense.
La contracción del riesgo país a 364 puntos, aunque aún en categoría de riesgo alto, mejora la percepción de solvencia y puede contribuir a mejorar condiciones de acceso al financiamiento internacional, especialmente si se acompaña de disciplina fiscal y reservas líquidas estables.
Implicaciones para reservas internacionales y balanza de pagos
El riesgo país y la percepción del mercado están estrechamente relacionados con la posición de liquidez externa y reservas internacionales netas (RIN). En años recientes, cifras oficiales del Banco Central de Bolivia mostraron que las reservas internacionales netas habían disminuido significativamente como proporción del PIB, un factor que influye en el perfil externo de riesgo.
Reservas más sólidas y una gestión fiscal que reduzca déficits pueden reforzar la percepción de capacidad de pago de la deuda externa, contribuyendo a una trayectoria más estable del diferencial de riesgo en los mercados globales.
Comparación regional y contexto de mercado
A nivel regional, varios países latinoamericanos han experimentado variaciones amplias en sus índices de riesgo país en respuesta a dinámicas políticas internas, condiciones de balanza de pagos y acceso a financiamiento internacional. En general, economías con mayor diversificación de exportaciones, acceso fluido a mercados de capital y políticas fiscales estables tienden a exhibir spreads menores y mayor confianza inversionista.
El descenso del riesgo país de Bolivia, aunque aún elevado, indica una mejora relativa en la percepción de riesgo externo, lo que se alinea con acciones de política fiscal y medidas de estabilización implementadas recientemente.
La reducción del riesgo país a 364 puntos representa un avance relevante en la percepción de mercados sobre la capacidad de Bolivia para gestionar sus obligaciones financieras. Si bien el nivel aún indica un perfil de riesgo elevado en comparación con economías de similar tamaño y estructura exportadora, la tendencia descendente es un elemento positivo que puede facilitar condiciones de financiamiento más favorables y apoyar la sostenibilidad de la deuda externa. Mantener este impulso dependerá de disciplina fiscal continua, mejora de reservas internacionales y coherencia en la política económica.





