Una delegación del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) reinicia el diálogo bilateral con el Gobierno boliviano y actores productivos, apuntalando un enfoque de cooperación técnica y comercial que puede influir en la competitividad exportadora y la integración en cadenas globales de alimentos.
Una delegación del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos se encuentra en Bolivia desde el 9 hasta el 13 de febrero para retomar diálogos oficiales con autoridades del Ministerio de Desarrollo Productivo, Rural y Agua y con representantes del sector agropecuario. El objetivo declarado es fortalecer el intercambio técnico y comercial entre ambos países en materia agrícola y pecuaria, con reuniones ya sostenidas con el viceministro de Comercio y Logística Interna, Gustavo Rodolfo Serrano. En el ámbito institucional, el USDA es la agencia federal ejecutiva estadounidense encargada de políticas en agricultura, ganadería, uso de tierras, silvicultura, nutrición y seguridad alimentaria, lo que le confiere un rol central en definir prácticas y estándares que pueden facilitar la internacionalización de productos.
Este acercamiento se produce en un contexto más amplio de reconfiguración de la política exterior boliviana que busca un balance entre la apertura de mercados y el fortalecimiento de la producción interna tras años de políticas de enfoque proteccionista en comercio exterior.
Impacto económico concreto
La visita del USDA tiene efectos directos en variables económicas ligadas al sector agropecuario, que en Bolivia representa cerca del 25 % del empleo formal y una porción significativa de la producción manufacturera de bienes primarios. El intercambio técnico puede traducirse en acceso a mejores prácticas agronómicas y estándares sanitarios y fitosanitarios que son condición para la exportación a mercados de alta exigencia como el estadounidense. La adopción de estándares reconocidos internacionalmente tiende a reducir barreras no arancelarias, un factor crítico para mejorar los términos de intercambio en productos como soya, quinoa y derivados.
Además, el acercamiento con una agencia estadounidense confiere señales positivas a los inversionistas: la participación activa de una entidad gubernamental de gran peso en temas rurales puede reducir la percepción de riesgo país en sectores productivos, especialmente ante mercados de capital privado interesados en agronegocios. La cooperación técnica y la posible transferencia de tecnología o asistencia técnica pueden, asimismo, incrementar la productividad, un factor determinante para mejorar la competitividad sectorial en América Latina.
Implicaciones institucionales
La agenda bilateral con el USDA refuerza la institucionalidad pública en materia agrícola, al ubicar al Ministerio de Desarrollo Productivo como interlocutor clave. Esto no solo implica un potencial fortalecimiento de capacidades técnicas internas —por ejemplo en regulación fitosanitaria— sino también la posibilidad de que Bolivia avance en acuerdos que permitan el reconocimiento mutuo de normas sanitarias, facilitando el comercio de productos agropecuarios.
La continuidad de este diálogo se enmarca además en una estrategia de diversificación de socios y mercados, alineada con esfuerzos más amplios del Ejecutivo actual para atraer cooperación internacional, mejorar la entrada de divisas y fortalecer las reservas externas, componentes esenciales para la estabilidad macroeconómica.
Para Bolivia, un país con vocación agroexportadora pero con desafíos persistentes en productividad y cumplimiento de estándares globales, la visita del USDA puede ser un catalizador para modernizar prácticas productivas y abrir puertas comerciales. Una mayor alineación con estándares internacionales también tiene implicaciones para la reducción de riesgos de rechazo de exportaciones por incumplimiento de normas sanitarias y fitosanitarias, lo que impacta directamente en flujos de exportación y balanza comercial.
La visita del USDA no es únicamente un gesto diplomático sino un paso medible hacia la inserción competitiva de la producción agrícola boliviana en mercados exigentes. El desafío para Bolivia será traducir las conversaciones técnicas en resultados concretos: actualización regulatoria, acceso a financiamiento vinculado a inversión en tecnología agrícola y la consolidación de canales de comercio que aprovechen ventajas comparativas sin contradecir necesidades macroeconómicas más amplias, como la estabilidad de la balanza de pagos, la diversificación productiva y la atracción de inversión extranjera directa orientada al sector rural.





