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Cambios en la riqueza privada y desafíos para economías emergentes

Cambios en la riqueza privada y desafíos para economías emergentes

En 2025 la élite de multimillonarios de Latinoamérica, según el análisis más reciente del Bloomberg Línea, concentra gran parte de la riqueza privada de la región, aun cuando el patrimonio agregado sufrió una contracción. La configuración de ese capital privado adquiere importancia creciente como determinante de inversiones, flujos financieros y estructura económica regional, con posibles repercusiones indirectas para economías emergentes como la boliviana.

La riqueza acumulada de los multimillonarios de Latinoamérica se redujo un 6,2 % en 2024, quedando en aproximadamente 500.000 millones de dólares. La población de multimillonarios en la región se situó en 141 personas, lo que representa una caída de 1,4 % respecto a 2023.

A pesar de ese descenso colectivo, el top 10 de los más acaudalados sigue concentrando fortunas individuales muy elevadas. El empresario mexicano Carlos Slim Helú lidera la lista con un patrimonio estimado en 113.000 millones de dólares al 24 de noviembre de 2025, con un aumento anual de 33.500 millones de dólares, segundo los datos del Bloomberg Billionaires Index.

Le siguen otros empresarios cuyas fortunas provienen de sectores como minería, telecomunicaciones, servicios financieros, industria, transporte y consumo. Entre ellos, el mexicano Germán Larrea con 52.100 millones de dólares; la empresaria chilena Iris Fontbona con 42.200 millones; y el brasileño Eduardo Saverin con 32.300 millones.

Complementando este panorama, el informe 2025 de Forbes indica que en toda Latinoamérica hay 95 multimillonarios, una reducción con respecto al año anterior (110), y su fortuna combinada se estima en 484.300 millones de dólares. Esa cifra representa una caída de 46.000 millones respecto a 2024.

Interpretación económica y estructura financiera regional


La dualidad del fenómeno, una reducción general del patrimonio colectivo de los multimillonarios, junto a una concentración creciente en las fortunas del top 10,  indica un proceso de selección en la élite económica de la región.

Esa concentración apunta a un núcleo reducido de capital privado que, por su magnitud, tiene la capacidad de influir con fuerza en decisiones de inversión, en especial en sectores estratégicos como minería, telecomunicaciones, servicios financieros, industria y consumo. La evolución de los activos de figuras como Carlos Slim, Germán Larrea, Iris Fontbona o Eduardo Saverin da cuenta de esa influencia.

Para las economías latinoamericanas, ese patrón significa que los ciclos de expansión o contracción de capital privado vía inversión, desinversión o diversificación, podrían tener efectos amplificados sobre variables macroeconómicas como el tipo de cambio, los flujos de inversión extranjera, la oferta de crédito, la demanda de materias primas y la estructura de empleo.

Implicaciones para Bolivia y economías emergentes


Aunque ninguno de los multimillonarios proviene de Bolivia, la configuración de capital en la región puede tener efectos indirectos sobre países como el boliviano. Por un lado, decisiones de inversión transnacional en minería, infraestructura, energía o servicios pueden generar demanda de materias primas, oportunidades de exportación o asociaciones empresariales. Por otro lado, la concentración del capital regional puede influir en la disponibilidad de financiamiento internacional, en la atracción de inversiones grandes y en la competencia financiera regional.

Para Bolivia, con un mercado financiero más pequeño e institucionalidad en desarrollo, ese contexto exige reforzar normativas, incentivar transparencia y diseñar políticas que permitan canalizar posibles inversiones externas hacia proyectos productivos con impacto positivo.

La lista 2025 de los multimillonarios latinoamericanos revela un reordenamiento del capital privado que va más allá de cifras individuales: expone la creciente influencia de un grupo reducido sobre decisiones económicas de gran escala. En un entorno en el que la riqueza colectiva de la élite retrocede, el peso del capital se concentra en unas pocas fortunas extraordinarias. Esa dinámica puede incidir de forma directa o indirecta en estructuras productivas, mercados financieros y ciclos económicos de toda la región. Para economías como la boliviana representa un desafío estructural y una oportunidad: el reto estará en generar condiciones que permitan captar parte de ese capital sin replicar los riesgos de concentración y asimetría de poder.