Este incremento en el nivel general de precios se atribuye a una combinación de factores internos y externos que han afectado la economía nacional.
Bolivia cerró el 2024 con una inflación del 9,97%, casi triplicando las proyecciones oficiales. Este índice, el más alto desde 2008, posiciona al país entre las economías con mayor presión inflacionaria en América Latina. El alza en el costo de vida impacta tanto a consumidores como a empresas, generando un entorno desafiante para la estabilidad económica.
Factores detrás del incremento de precios
Entre las principales causas de la inflación en Bolivia se encuentra el aumento de la demanda interna, impulsado por el gasto público y el consumo. La ejecución de políticas expansivas ha generado un mayor flujo de dinero en la economía, lo que ha elevado los precios de bienes y servicios. Sin embargo, este incremento de la demanda no ha sido acompañado por un aumento proporcional en la producción, generando un desbalance que presiona al alza el Índice de Precios al Consumidor.
Otro factor determinante ha sido la inflación importada. La apreciación del dólar a nivel global ha encarecido los bienes esenciales que Bolivia adquiere del exterior, como combustibles, insumos agrícolas y productos manufacturados. A esto se suma la crisis en mercados internacionales, derivada de la ralentización del comercio mundial y el encarecimiento del transporte marítimo, que han impactado directamente en el costo de importaciones.
La sequía prolongada también ha jugado un papel clave en el aumento de los precios. La escasez de lluvias ha afectado la producción agrícola, reduciendo la oferta de alimentos básicos como el arroz, la papa y el maíz. Esto ha generado presiones en los mercados locales, incrementando el precio de productos esenciales en la canasta familiar. La falta de agua también ha afectado la producción ganadera, elevando los costos de carne y productos lácteos. Además de estos factores estructurales, Bolivia ha enfrentado bloqueos sociales y conflictos internos que han interrumpido el abastecimiento de productos a lo largo del país. Estas protestas, muchas de ellas vinculadas a disputas políticas y demandas sectoriales, han dificultado la distribución de bienes esenciales, provocando desabastecimiento temporal y especulación en los mercados locales. En varias regiones, la incertidumbre ha llevado a comerciantes y productores a incrementar los precios ante la dificultad de reponer inventarios.
Otro elemento que ha incidido en la escalada de precios es la escasez de combustibles, en particular el diésel. La dependencia del país de la importación de hidrocarburos ha expuesto a la economía a variaciones en los precios internacionales y problemas logísticos en el suministro. La reducción en la disponibilidad de diésel ha afectado el transporte y la producción agroindustrial, incrementando los costos operativos en sectores estratégicos como la agricultura, la construcción y la manufactura.
Comparación con la región y efectos en la economía boliviana
En el contexto regional, Bolivia se encuentra entre los tres países con mayor inflación, junto a Argentina y Venezuela. Aunque el país aún no enfrenta una hiperinflación, el ritmo de crecimiento de los precios genera preocupación. El encarecimiento de productos esenciales, como la carne, el arroz y el aceite, ha golpeado el bolsillo de los bolivianos. Además, la escasez de combustible ha agravado la situación, afectando el transporte y la producción agroindustrial. La pérdida del poder adquisitivo es evidente, y sectores como el comercio y la industria han comenzado a resentir la desaceleración económica.