La implementación del AEC del Mercosur implica alinear tarifas de importación con las del bloque regional, lo cual representa un desafío para la economía boliviana dada su estructura productiva y dependencia de insumos importados.
El Arancel Externo Común (AEC) del Mercosur se perfila como uno de los retos centrales para Bolivia en su proceso de adhesión plena al bloque sudamericano. La armonización de la política arancelaria con niveles significativamente más altos que los históricos aplicados por el país implicará decisiones complejas en comercio exterior, competitividad industrial y costos de producción.
Contexto del Arancel Externo Común y la adhesión de Bolivia
El Arancel Externo Común es un instrumento clave de la política comercial del Mercado Común del Sur que unifica las tasas arancelarias aplicadas por los países miembros a las importaciones desde terceros mercados, con el objetivo de fortalecer la integración comercial y establecer una política común frente al exterior.
Bolivia, miembro pleno del Mercosur desde julio de 2024 y miembro histórico de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), enfrenta el desafío de armonizar su política arancelaria interna con la del bloque sudamericano, que tradicionalmente establece tasas arancelarias más elevadas y uniformes que las actualmente aplicadas por Bolivia.
Diferencias en estructuras arancelarias
Actualmente, Bolivia mantiene uno de los esquemas arancelarios más bajos de la región, con gravámenes para bienes de capital, insumos industriales y tecnología que oscilan entre 0% y 10%, según perfil arancelario de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
En cambio, el AEC del Mercosur fija aranceles que suelen ubicarse entre 14% y 20% para bienes similares y pueden llegar hasta 35% para electrodomésticos, manufacturas industriales y bienes durables. Esta diferencia implica que la adopción del AEC representará un incremento sistemático de barreras arancelarias para una economía que depende fuertemente de las importaciones de bienes de capital, insumos y tecnología.
Implicaciones para comercio, producción y competitividad
Costos de producción
El aumento de aranceles a niveles del AEC puede elevar los costos de producción para múltiples sectores productivos en Bolivia, dado que muchos insumos y bienes de capital necesarios para operar no se fabrican localmente. Esto puede afectar la competitividad de empresas que compiten con productos importados finalizados y con proveedores de insumos más eficientes internacionalmente.
Competencia y estructura productiva
La armonización arancelaria también podría intensificar la competencia externa para industrias locales de menor escala, que ya enfrentan desafíos de productividad y acceso a mercados. Expertos en política industrial argumentan que sin una política activa de apoyo a sectores estratégicos, la protección arancelaria por sí sola no garantiza procesos sostenidos de industrialización.
Institucionalidad y normas concurrentes
La adopción del AEC también plantea dificultades normativas en la convivencia entre distintos bloques comerciales. Bolivia es simultáneamente miembro de la CAN y el Mercosur, cada uno con sus reglas y aranceles externos. La falta de armonización entre políticas arancelarias puede crear tensiones sobre qué normativa aplicar en importaciones de países fuera de ambos bloques, complicando decisiones de política comercial.
Relevancia en el marco de integración regional
La temática del AEC cobra mayor importancia tras la firma del acuerdo Mercosur-Unión Europea, diseñado para eliminar aranceles progresivamente en la mayor zona de libre comercio del mundo. La partición normativa y la posición de Bolivia fuera del acuerdo por no haber completado la armonización del AEC exponen la centralidad de este instrumento en la estrategia de inserción internacional del país.
El Arancel Externo Común constituye un desafío estructural para Bolivia, no solo por el choque entre su política arancelaria histórica y las obligaciones del Mercosur, sino por las implicaciones en costos productivos, competitividad y la necesidad de políticas compensatorias robustas. La armonización arancelaria debe ser acompañada necesariamente de estrategias activas de diversificación productiva, fortalecimiento institucional y mecanismos de apoyo a sectores vulnerables para que la integración comercial regional genere beneficios difundidos, en lugar de generar tensiones económicas internas.





