La inflación de la eurozona subió a 2,9% en julio, su nivel más alto en meses, después de que el precio del petróleo se disparara por la reactivación del conflicto entre Estados Unidos e Irán en el estrecho de Ormuz. Para Bolivia, que importa prácticamente todo el diésel y más de la mitad de la gasolina que consume, un petróleo más caro no es una noticia lejana.
A mediados de julio, Estados Unidos e Irán intercambiaron ataques con misiles y drones tras el anuncio de Washington de reinstaurar un bloqueo a los buques iraníes que transitan por el estrecho de Ormuz. Teherán respondió cerrando la vía y atacando instalaciones vinculadas a Estados Unidos en el Golfo. El resultado inmediato fue un salto en los precios del petróleo, con el barril de referencia moviéndose por encima de los 80 dólares, niveles que no se veían en meses. Los mercados llegaron a asignar hasta 70% de probabilidad a una nueva subida de tasas de la Reserva Federal en septiembre, ante el temor de que la energía más cara reavive la inflación en Estados Unidos.
Europa siente el golpe primero
Según la estimación preliminar de Eurostat, la inflación interanual de la eurozona subió a 2,9% en julio, una décima más que en junio, con la energía como principal responsable de ese repunte, cuyos precios llegaron a saltar hasta 10% en el mes. La inflación subyacente también se aceleró, a 2,5% desde 2,4%, y el dato refuerza la expectativa de que el Banco Central Europeo suba tipos de interés en septiembre. Es un ejemplo directo de cómo un conflicto geopolítico lejano se traduce en precios más altos para cualquier economía que dependa de energía importada.
La factura que también llega a Bolivia
Bolivia no está exenta de esa cadena. El país importa prácticamente todo el diésel y más de la mitad de la gasolina que necesita para su mercado interno, en un momento en que ya enfrenta escasez de combustible y una caída de sus propias exportaciones de gas. Un petróleo internacional más caro encarece directamente esas importaciones, justo cuando el país cuenta con menos dólares líquidos para pagarlas. A esto se suma que una eventual subida de tasas de la Reserva Federal encarece el financiamiento externo en dólares, el mismo tipo de financiamiento al que Bolivia acaba de recurrir con la emisión de bonos en mayo.
Los consumidores de combustible en Bolivia, desde transportistas hasta agroindustriales, quedan expuestos a un costo que se decide en el Golfo Pérsico y en los mercados de Chicago, no en La Paz. El Estado boliviano ve encarecerse tanto sus importaciones de combustible como el costo de la deuda que necesita para financiarlas. Los países exportadores netos de petróleo de la región, en cambio, se benefician de precios más altos. Los bancos centrales de economías desarrolladas, como el BCE y la Fed, ganan margen para justificar tasas más altas, lo que a su vez encarece el crédito para países emergentes como Bolivia.





