El índice de riesgo país de Bolivia, medido por JP Morgan, registró una caída histórica desde 2 242 a 572 puntos en nueve meses, el nivel más bajo en más de tres años, lo que apunta a una mejora en la percepción de riesgo y condiciones de liquidez que pueden influir en financiamiento y comercio internacional.
El índice de riesgo país de Bolivia, cayó de 2 242 puntos básicos en abril de 2025 a 572 puntos a finales de enero de 2026, lo que representa una caída de cerca del 74 % en menos de un año.
Este descenso indica que los inversionistas internacionales perciben una reducción del riesgo asociado a la probabilidad de incumplimiento de la deuda externa boliviana, así como una mayor estabilidad en expectativas económicas y políticas. El economista Fernando Romero explicó que la caída reduce la tasa de rentabilidad que los mercados exigen a Bolivia por su deuda soberana: de cerca del 26 % en 2025 a alrededor del 10 % actualmente, según estimaciones derivadas del índice.
La evolución del riesgo país también tiene un componente de expectativas asociado a cambios políticos recientes, entre ellos la transición hacia una administración con enfoque de mercado y apertura a inversiones, así como la eliminación de subsidios a los carburantes, una de las reformas de política económica más visibles implementadas en 2025.
Tipo de cambio paralelo y referencia oficial
En paralelo, el dólar paralelo se ha situado por debajo del valor referencial publicado por el Banco Central de Bolivia. Según reportes, el dólar se transa en alrededor de Bs 8,96-9,10 por dólar, mientras que la referencia del BCB para la venta se ubica en cerca de Bs 9,18 en su pizarra oficial.
Este comportamiento marca una diferencia con periodos recientes de tensión cambiaria, donde la cotización paralela solía superar con amplitud al valor referencial y al tipo de cambio oficial sin bandas. La tendencia a la baja del dólar paralelo se interpreta tanto como una señal de menor presión externa sobre la liquidez, como una respuesta a señales de política macroeconómica más predecibles, según analistas consultados.
Implicaciones para financiamiento e inversión
La combinación de un riesgo país más bajo y un dólar paralelo estable o descendente tiene varias implicaciones económicas verificables. Primero, un menor riesgo país puede reducir el costo del crédito externo para el Estado y empresas bolivianas, facilitando el acceso a financiamiento internacional sin primas de riesgo tan elevadas como en 2025. Esto es especialmente relevante en un país con necesidades de inversión en infraestructura, logística y diversificación productiva.
Segundo, la mayor concordancia entre cotizaciones de mercado y referencia oficial puede mejorar la previsibilidad en cadenas de abastecimiento e importaciones, reduciendo costos implícitos en operaciones comerciales que dependen de moneda extranjera, lo que a su vez puede tener efectos positivos en precios internos y planificación empresarial.
Desafíos estructurales pendientes
Pese a las señales positivas, Bolivia continúa enfrentando retos macroeconómicos de fondo. Pese al descenso del riesgo país, el nivel de 572 puntos sigue siendo relativamente alto en comparación con economías con grados de inversión y mayores flujos de capital, lo que sugiere que persisten riesgos de solvencia externa y restricciones de liquidez que podrían limitar una mejora más pronunciada en acceso a mercados de capital.
Además, factores estructurales como un déficit fiscal persistente, presiones sobre las reservas internacionales y limitaciones en la producción de hidrocarburos han sido destacados por organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) como elementos que requieren atención sostenida para consolidar la recuperación económica.
La caída del riesgo país y la normalización del dólar paralelo por debajo del valor referencial constituyen señales relevantes de mayor confianza de los mercados y agentes económicos en Bolivia, alineadas con avances tangibles en políticas económicas y expectativas de estabilidad. No obstante, la consolidación de estos indicadores como fundamentos sólidos de crecimiento dependerá de una combinación coherente de disciplina fiscal, acumulación de reservas externas y reformas estructurales que reduzcan vulnerabilidades crónicas de la economía. La transición de percepciones hacia resultados verificables será el desafío para sostener este impulso en el mediano plazo.





