La proyección regional evidencia un patrón de crecimiento desigual en 2026, con algunas economías liderando la expansión mientras otras enfrentan obstáculos de corto plazo, lo que implica ajustes de políticas para mejorar competitividad y resiliencia
Crecimiento esperado en 2026 según CEPAL
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) publicó proyecciones de crecimiento del PIB para 2026 que muestran la heterogeneidad del desempeño económico en la región. En el comparativo se observa que países como Guyana, Paraguay y varias economías centroamericanas se ubican en la parte alta de la tabla por su mayor dinamismo, mientras que México y Bolivia figuran entre los de menor crecimiento esperado dentro de la región.
De acuerdo con estas proyecciones, México se situaría justo por encima de Bolivia en el escalafón de crecimiento. Bolivia se ubica con una de las tasas de expansión más moderadas del bloque, precedida solo por economías pequeñas o con contextos estructurales muy particulares.
Factores que influyen en el dinamismo
Para México, la CEPAL señala que las restricciones ligadas a la demanda interna, inversión y factores externos, incluida la política comercial y migratoria de Estados Unidos, presionan el crecimiento de 2026 hacia niveles relativamente bajos dentro del contexto regional.
En el caso de Bolivia, el crecimiento moderado se vincula a factores estructurales de producción interna y sistemas productivos que todavía no logran consolidarse de forma rápida tras episodios de contracción o bajo crecimiento en años recientes. Aunque el dato específico de Bolivia no se detalla con frecuencias en informes de CEPAL a nivel público, su posición entre los países de menor crecimiento proyectado forma parte de la composición regional mencionada en el balance preliminar de economías de la región.
Comparación con proyecciones globales
Las perspectivas globales elaboradas por organismos como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) señalan que América Latina y el Caribe seguirá siendo una de las regiones con menor ritmo de crecimiento en el mundo para 2025 y 2026, con tasas por debajo de la media de economías emergentes y en vías de desarrollo. Esta tendencia está marcada por factores como el menor crecimiento de la demanda global, incertidumbre en los mercados de capital y la lenta recuperación de la inversión productiva.
Asimismo, el entorno internacional, incluido el deterioro de algunas cadenas de valor y la presencia de políticas comerciales más complejas en países desarrollados, añade una capa de desafío para los países de América Latina que buscan estimular el crecimiento económico sin comprometer la estabilidad macroeconómica.
Implicaciones para políticas públicas
La disparidad de tasas de crecimiento proyectadas para 2026 subraya que no existe un único camino para la expansión económica en la región, sino un conjunto de determinantes que combinan factores internos y externos. En este escenario, la formulación de políticas orientadas a mejorar la productividad, incentivar la inversión privada, ampliar el acceso a financiamiento y consolidar la integración comercial regional puede desempeñar un papel clave para países con menor dinamismo,al fortalecer su inserción en los mercados globales y su resiliencia ante choques exógenos.
El reto para los formuladores de políticas públicas radica en usar estos pronósticos como una base para recalibrar estrategias fiscales y estructurales que fomenten mayor crecimiento sostenible sin sacrificar estabilidad macroeconómica.
Las proyecciones de crecimiento para 2026 muestran una América Latina con ritmos de expansión asimétricos. Países como México y Bolivia, ubicados hacia el extremo inferior de la tabla, enfrentan retos compartidos en materia de demanda interna, inversión productiva y exposición a factores externos. A pesar de estar en un entorno global desafiante, estos países pueden beneficiarse de enfoques renovados en políticas de productividad y cadenas de valor que impulsen un crecimiento más robusto y sostenible. El contraste con economías más dinámicas de la región ofrece un claro ejemplo de cómo condiciones estructurales y políticas públicas diferenciadas influyen en la trayectoria de crecimiento.





