Solo el 30% de los bolivianos tiene sus necesidades básicas satisfechas, según el Censo 2024.
Esto revela un alto nivel de vulnerabilidad económica que limita el consumo, la inversión y el desarrollo del país.
El desafío: convertir esta realidad en oportunidades de crecimiento inclusivo.
El Censo Nacional de Población y Vivienda 2024 reveló que apenas tres de cada diez bolivianos han logrado cubrir sus necesidades básicas, lo que evidencia un serio desafío para la productividad y el desarrollo económico del país.
De acuerdo con los datos oficiales, el 30% de la población superó el umbral de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), mientras que un 40,1% se encuentra en pobreza relativa, un 26,1% en pobreza moderada y un 3,6% en indigencia.
Implicaciones económicas
El indicador NBI refleja no solo la situación social, sino también la capacidad del país para sostener su crecimiento económico. La limitada cobertura en educación, salud, vivienda y servicios básicos afecta la formación de capital humano, restringe el consumo interno y aumenta la presión sobre las finanzas públicas.
Con más de dos tercios de la población en situación de vulnerabilidad, el mercado interno pierde dinamismo, lo que impacta en sectores productivos como comercio, manufactura y servicios. A la vez, el Estado enfrenta mayores exigencias en inversión social en un contexto de déficit fiscal y restricciones externas.
Brechas territoriales y oportunidades
El censo también reflejó desigualdades marcadas entre áreas urbanas y rurales. En el campo, el acceso a agua potable, saneamiento y educación es considerablemente menor, lo que genera brechas de productividad regionales. Analistas destacan que esta situación abre espacio para nuevas inversiones en infraestructura, servicios básicos y programas de inclusión productiva, que podrían elevar la competitividad del país y dinamizar el empleo formal.
Los resultados confirman que Bolivia ha avanzado respecto a décadas anteriores, pero el progreso aún es limitado para consolidar una base sólida de crecimiento. El desafío es vincular la reducción de la pobreza con una agenda económica sostenible, en la que la inclusión social se convierta en motor de productividad y atracción de inversiones.